Respuesta a la no respuesta

“La memoria no se borra con pintura blanca”
Anónimo

Los hechos suscitados en las Facultades de Ingeniería y Derecho de la UNAM hace un par de meses pusieron sobre la mesa un tema que sistemáticamente se había tratado de invisibilizar, la violencia de género. Un asunto dentro de la agenda pública tan normalizado que se ha llegado a considerar como parte de nuestra cultura, a la par de la corrupción como dijera aquel célebre político mexicano.

Criticar desde el privilegio las formas en las que han decidido manifestarse las feministas es muy sencillo. Dicen que la violencia no se puede usar como forma de protesta, pero se callan cuando es usada como medio para restablecer el orden. No se tendrían que recurrir a estas acciones si se solucionaran aquellos problemas verdaderamente importantes.

El mensaje es claro, las formas pacíficas de exigir respuestas no han servido. Las hemos visto quejarse institucionalmente, marchar pacíficamente, exigir protocolos funcionales y lo único que han recibido es el silencio de las autoridades, comunicados desconociendo sus acciones y revictimización.

Las pintas, los vidrios rotos y la quema del águila (acciones que gracias a los medios de comunicación se han hecho famosas) son un rechazo a todas esas puertas cerradas, a todas esas reuniones sin soluciones, a todos esos acuses de recibido. Las protestas son una manifestación del hartazgo ante la violencia institucional y de la falta de mecanismos reales para acceder a la justicia.

En pleno “proceso electoral” sorprendieron las reacciones de los candidatos que estaban dispuestos a dirigir la mejor universidad del país, éstas hablan mucho de ellos. No se puede llamar máxima casa de estudios a la institución que ha solapado la violencia de género a costa de no perder el prestigio [inter]nacional.

Ninguno de los 3 candidatos a la rectoría de la UNAM se pronunció al respecto. Tampoco se vieron las condenas enérgicas a las que ya estamos acostumbrados. El silencio es complicidad. Los ahora excandidatos también son cómplices de la violencia de género que hoy impera en la universidad. Cabe resaltar que ningún candidato proponía soluciones concretas a las demandas estudiantiles; relegaron la democratización, la inseguridad y sobre todo la violencia de género.

Angélica Cuéllar desde el inicio de su campaña recibió críticas por parte de las propias estudiantes de la FCPyS. Le dieron la espalda a su feminismo cuasi electoral porque las políticas de género que no pudo llevar a cabo en la facultad que “dirige” si las quería implementar en toda la universidad. Ni hablar del itamita Pedro Salazar, quien en ningún momento condenó la hostilidad que se vive dentro de la Facultad (Derecho) donde también es académico.

Enrique Graue demostró de nueva cuenta la ingobernabilidad que gobierna al frente de su mandato como rector de la universidad. Después de los sucesos del 3 de septiembre del 2018 sigue sin tomar el timón del barco que cada día se sigue hundiendo. La Junta de Gobierno premió su primera gestión con cuatro años más de reinado bajo el mando de la 4T. Muchos no se han dado cuenta que el control de la universidad en realidad lo tienen a Ackerman y el presidente.

Las autoridades han dejado claras sus prioridades, han preferido encubrir los problemas a atacarlos de raíz. Las paredes pintadas se borran con más pintura, las que están manchadas de sangre jamás se borran de la memoria. Las clases perdidas se recuperan, pero solo las retomarán aquellos que puedan regresar a las aulas.

Hasta ahora están cerradas las facultades de Filosofía y Ciencias Políticas junto con las preparatorias 1, 2, 3, 6 y 9 y el CCH Azcapotzalco. Además, se ha «convocado» a un paro general en todas las instalaciones el próximo 4 de febrero. El tiempo de espera se agota conforme pasan los días. Los sectores más radicales de la universidad ya están pensando en llevar esto a un plano mucho mayor y las voces disidentes siguen incrementando.

Esto apenas va empezando y parece que da para largo. El IPN también tiene varias escuelas paradas, por otros problemas, pero que no se desvinculan de los que existen en nuestra universidad. Por otro lado, el sindicato de la UAM había amenazado con iniciar la huelga si no se cumplían con sus exigencias. ¿Y la máxima casa de estudios? ¿Será que después de casi 2 décadas de calma en la UNAM por fin estalle la huelga general?

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