Dos amenazas de apocalipsis por el precio de una real

La forma más lúgubre y hasta teatral del final de la raza humana esta presente, no digo que sea la manera más idónea de comunicar un mensaje para realizar cambios en nuestras vidas pero si la más atractiva, el morbo y la curiosidad provocan interés, ciego y puro interés, es así como al menos la teatralidad para los cambios sociales más importantes en el paso de la historia ha sido siempre la apelación de intereses (o generación de estos como un buen comerciante lo sabe) y es así como se nos presenta también un panorama desolado y catastrófico que es el mundo en el que vivimos (lejos de toda idea nihilista o existencialista de desdén por la misma existencia vacua) y la forma graciosa pero punzante es a través de un reloj gigante que marca el tiempo que le queda al mundo de estabilidad pre apocalíptica, según se observa en el carácter proporcional que tiene el paso del tiempo para el mundo entero en lo que podría considerarse un día solo quedan 100 segundos para que dicho ente llegue a la medianoche y desaparezca (Bibidi Babidi Bu), tal vez sean años o décadas que nos sobran pero el ser humano se ha aventurado a forjar en sus manos todo, hasta el mismo tiempo, y puede adelantar dicho reloj sentencioso con unas cuantas decisiones, según la memoria de un servidor este instrumento contaba hace un año con 120 segundos todavía, ahora en el proceso del paso del tiempo desde un punto de vista normal antropológico (porque de no ser por esta intervención la tierra estaría apenas en las 4 de la tarde de ese día) debió ser de por lo menos 2 o 5 a lo sumo, surge la interrogante, porque ocurrió este «salto en el tiempo»? (de nuevo uso de atracción para llamar la atención, por desgracia el último de los recursos en este tipo de situaciones)

¿Cuáles son estas amenazas que se ciernen sobre nosotros? existe una clara provocación humana del entorno en el que vivimos, no solo por el daño ambiental evidente, sino las actitudes ignorantes y apresuradas, la arrogancia y el fanatismo solo genera más y más daño, pues bien se puede argumentar, que la tensión presente casi todo el tiempo a escala global gracias a la impertinencia y desatino de la administración actual norteamericana no es precisamente un efecto del cambio climático, o el virus que ahora se esparce globalmente, uniéndose así a una lista de pandemias que se han presentado a lo largo de diez años, en este caso quizá la consecuencia ambiental sí está más ligada al efecto, sin embargo es en buena medida la actividad humana, no necesariamente insalubre (como en los casos de África por el ébola, que también representa una muestra de deterioro humano) pero si saturada, como bien puede ser el efecto de China por el actual coronavirus, en un país tan sobrepoblado no sorprende que surjan este tipo de problemáticas, en general en un mundo así de desbordado se extraña que no haya llegado el fin de nuestros tiempos, los cielos no se han teñido de rojo ni han habido cadáveres por doquier mientras las llamas de un fuego eterno consumen y devoran todo a su paso, al grado en que las poblaciones enteras tuvieran que refugiarse en las costas, que ya estarían inundadas, así que no habría salvación…… esperen un momento, esto me recuerda a algo, así es, ya está pasando, tal vez en un país misterioso y aislado como podría parecer Australia, sin embargo muchos indicios están presentes y no los queremos ver, el paradigma antropocéntrico está destruyendo todo, desde el siglo 18 por las ideas racionalistas renacentistas, y posteriormente individualistas libertarias generaron en los seres humanos una idea de empoderamiento sin precedentes, dueño entonces de su propio destino y sin un límite que lo detenga, ni siquiera el vasto y misterioso universo es frontera (como bien se podría refutar al capitán Kirk en star trek) pero en la idea de sometimiento y control para no morir el intelecto nos ciega y nos impide ver lo que es incontrolable, la materia externa puede conjuntar a la razón, pero nunca una debe someter a la otra, no habría nada entonces, este neo positivismo (pues de neoliberalismo ya se ha hablado hasta el cansancio) es peligroso, tanto o más que su precedente decimonónico, fuera de cualquier discurso político o social, este panorama semi filosófico nos debe hacer reflexionar sobre nuestra posición ante el mundo, y ante el futuro, pues si bien no ocurre una catástrofe nuclear de altas proporciones por una irritación fuera de lugar de algún gobierno a otro (no se ve tan descabellado con los actuales dirigentes) la misma tierra nos tragará y escupirá a todos, simples cenizas quedarán (en sentido muy literal considerando la actividad telúrica y volcánica) sea cual sea el caso, a diferencia de la población harta y advenediza que aprendió por la vía del dolor y la muerte a finales de la segunda guerra mundial, no habrá nadie que nos recuerde no repetir los males del pasado, simplemente no quedará nadie, todos seremos Hiroshima o Nagasaki, o si bien se quiere dar atribuciones a una alegoría de desastre natural, piénsese en el mundo ahora si continuamos así en una gigantesca Pompeya, solo que esta vez el infortunio y los dioses no serán los responsables de la desdicha, nosotros mismos activamos a este volcán que queremos controlar.

Sin despedirse de una forma tan pesimista, es importante resaltar que así como tenemos como especie la habilidad de adelantar tan rotundamente nuestra destrucción podemos generar así de efectivamente un retroceso, que nos ayude a generar una mejoría y a salvar nuestra existencia, así como pretendemos ser los amos de todo lo que nos rodea debemos aprender a serlo de nosotros mismos, enfocarnos y crecer como especie, poder sobrellevar el peso de las ambiciones y el individualismo, claro que podemos, porque así como la razón y la ambición son una actitud innata del ser humano también lo es la esperanza, la de un futuro mejor y la fe en siempre ser más plenos (no por eso poderosos) que ayer, este servidor todavía no la pierde, espero que tú, lector tampoco lo hagas, y espero poder comunicarme la siguiente década y decir, vamos bien.

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