Sobre el muro mexicano y quien busca derribarlo

Es inaceptable que un gobierno que se dice de izquierda adopte una política migratoria basada en la represión, escenas como las vistas en la frontera entre México y Guatemala, el pasado sábado 18 de enero y en los días posteriores, en las que la Guardia Nacional impide el ingreso de una nueva caravana migrante al territorio nacional, contrastan con el discurso inicial del presidente Andrés Manuel López Obrador (https://bit.ly/36u7qC5). Quien en los primeros meses de su sexenio habló de puertas abiertas, oportunidades de empleo en suelo mexicano, e incluso de cooperación internacional para el desarrollo de los países de Centroamérica, como forma de atender el fenómeno migratorio desde sus causas, hoy no se distingue, en el trato a las personas migrantes, de sus predecesores en la presidencia. Por otro lado, luce esperanzador el hecho de que actores políticos de su propio partido han alzado la voz y se han comprometido con los derechos humanos.

Tal es el caso de Porfirio Muñoz Ledo, diputado federal por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y expresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, quien publicó en su cuenta de Twitter un vídeo que documenta el violento encuentro entre migrantes y autoridades, mismo vídeo que buscó reproducir en el Congreso el pasado miércoles 22, aprovechando la comparecencia en el lugar y ante la Comisión Permanente, de la presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Rosario Piedra Ibarra, quien según Muñoz Ledo, había accedido a ver el material, a lo que la presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, la también morenista Mónica Fernández, respondió que ella «no manda» en el recinto, sino que debía acatarse el reglamento y el formato de participaciones que ya habían sido aprobados por los diputados, en donde una intervención de Muñoz Ledo no había sido contemplada, por lo que no se le permitió hacer uso de la palabra. El diputado acusó censura y «miedo a la verdad» por parte de su propio partido (https://bit.ly/2RIk7ne).

«Yo no sé de dónde llegó la instrucción; fue muy doloroso ver a mis amigos votando tan agresivamente»: Diputado Porfirio Muñoz Ledo

Leyes mexicanas y tratados internacionales, del lado de los migrantes; las autoridades, no tanto.

Muñoz Ledo argumenta que, con estas acciones, el gobierno encabezado por López Obrador está violando nuestra Constitución, así como tratados internacionales que nuestro país ha firmado en la materia.

Efectivamente, el artículo 11 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que «toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes«.

«No es delito, sino solamente una falta administrativa, encontrarse en el territorio nacional sin la documentación migratoria necesaria. El libre tránsito también es un derecho de ‘toda persona’ en el territorio nacional, no solamente de los ciudadanos o los residentes mexicanos.»: John Ackerman (https://bit.ly/37nQNJq)

Y es importante añadir, que además de la Constitución, contamos con una Ley de Migración que desde su primer artículo establece en la regulación del fenómeno migratorio «un marco de respeto, protección y salvaguarda de los derechos humanos, de contribución al desarrollo nacional, así como de preservación de la soberanía y de la seguridad nacionales». Desafortunadamente, en la práctica esto no ha sido así. Antes y ahora, los gobiernos de México le han hecho el trabajo sucio a los Estados Unidos, criminalizando a los migrantes y violando sus derechos humanos.

Hay quienes afirman que el radical cambio en la política migratoria de López Obrador implicó convertirnos, de la noche a la mañana y sin precedentes, en el muro fronterizo que su homólogo, Donald Trump, prometió a sus electores en Estados Unidos. Esto no es del todo cierto, y realmente no tiene mucho sentido si consideramos que Trump prometió el muro para contener a los mexicanos, a quienes llamó «criminales» y «violadores» en su exitosa campaña por la presidencia del país vecino del norte. Lo cierto es que, cuando el magnate amenazó al gobierno mexicano con imponer aranceles a productos mexicanos, y el presidente envió a una comitiva encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, se tomó una decisión, en su momento aplaudida y hoy criticada, de emplear a los migrantes centroamericanos como moneda de cambio a fin de evitar el daño a una economía que, de igual manera, terminó estancada por la recesión a nivel global (https://bit.ly/2vb021c). No había, y no hay nada, que celebrar, a menos que pertenezcas a esa parte de la sociedad mexicana que es profundamente racista y xenófoba, e insiste en deshumanizar y criminalizar a los extranjeros pobres, mientras alaba e idolatra al extranjero adinerado. Aporofóbicos.

Aunque para algunos, con tal de seguir criticando al presidente que tanto odian, hoy es distinto, y pretenden portar la bandera de la defensa al migrante y sus derechos humanos, esos que luego confunden con comunismo. México está plagado de contradicciones.

Pero quienes desde antes de 2019 ya nos preocupábamos por la situación de nuestros hermanos migrantes, sabemos que esto ha sido históricamente la norma en nuestro país, no importando a algunos que el artículo 2 de la Ley de Migración señale como principios rectores de la política migratoria que debe seguir el Estado mexicano, entre otros, el «respeto irrestricto de los derechos humanos de los migrantes» —de tal manera que «en ningún caso una situación migratoria irregular preconfigurará por sí misma la comisión de un delito ni se prejuzgará la comisión de ilícitos por parte de un migrante por el hecho de encontrarse en condición no documentada»—, así como la «congruencia de manera que el Estado mexicano garantice la vigencia de los derechos que reclama para sus connacionales en el exterior».

Teniendo familiares, amigos, conocidos y compatriotas que ante la falta de oportunidades en su tierra, también salieron a buscarlas en Estados Unidos, y que no solo las encontraron, sino que con sus envíos de dinero a sus familias en México, las llamadas remesas, aportan de manera significativa a nuestra economía, ¿realmente estamos en posición de rechazar y de estigmatizar?

«Los mexicanos que viven en EE.UU. son los migrantes que envían las remesas más altas, pese a que son los que perciben los ingresos más bajos, según se desprende del estudio ‘De Estados Unidos a América Latina y el Caribe: Siguiendo el camino de las remesas’, realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).» (https://bit.ly/37q1RWq)

En redes sociales, el diputado Muñoz Ledo también ha hecho referencia al Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, también conocido como Acuerdo Migratorio de Marrakech.

«El pacto se estructura en torno a 23 grandes objetivos que buscan entender y abordar las casusas que motivan la migración, además de tomar medidas en contra de la trata y el tráfico de personas, la separación de las familias y reconoce la detención de migrantes como última opción.» (https://bit.ly/2GeWH3E)

El verdadero peligro, al norte.

Pero este pacto mundial no fue firmado por los Estados Unidos, era de esperarse. A nadie debería sorprenderle esa decisión viniendo del país que quiere darle lecciones de democracia y derechos humanos a países como Venezuela, mientras separan a niños de sus familias para encerrarlos en jaulas, con el absurdo pretexto de que no tienen los mentados documentos (https://bit.ly/2tN377h).

«Las fronteras ya son porosas para la libre circulación de bienes, capitales y nuevas tecnologías, pero es un mundo en el que se edifican muros para detener la libre circulación de personas»: Virdzhiniya Petrova Georgieva, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Es tan permisiva la llamada tierra de la libertad cuando se trata de permitir el paso de mercancías, capitales, y hasta de drogas y armas; pero al mismo tiempo, vigila de manera celosa que ninguna persona procedente de un «país de mierda» (https://bit.ly/2GhuitE) ingrese en su impoluta nación. La misma impoluta nación que en nombre de la libertad posee una regulación permisiva respecto a la posesión de armas que le ha valido numerosas masacres cada año.

La misma impoluta nación que con una política exterior intervencionista ha financiado innumerables golpes de Estado en América Latina (http://bit.ly/32oGn8R), uno de los más recientes en contra del reformista presidente hondureño Manuel Zelaya en 2009, provocando la instalación de un gobierno ilegítimo para los hondureños pero funcional para Washington… o no tanto, ya que la mayor parte de los migrantes que conforman las caravanas que parten desde 2018 son hondureños.

La misma impoluta nación que dejó crecer a pandillas conformadas por salvadoreños, que al ser deportados en masa sembraron el terror en su tierra natal y establecieron lucrativos negocios con los cárteles del narcotráfico más poderosos de la región, aumentando de paso los índices de violencia de El Salvador.

«Un mundo donde la gente vive pobre, desaparece, muere sin dejar rastro, es secuestrada o huye rumbo a Estados Unidos: si de allá viene la desgracia, allá debe residir la gracia.»: Hermann Bellinghausen (https://bit.ly/2FIYEYJ)

La misma impoluta nación que sigue chantajeando a México para que detenga el flujo de migrantes que ingresan a su país, sin que ellos hagan nada por detener el flujo de armas que ingresan al nuestro y que terminan en manos de cárteles como el de Sinaloa.

¿Vamos a seguir cediendo ante los chantajes, a costa de violar nuestras propias leyes? ¿Hasta cuándo?

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