MIOPÍA POLÍTICA

Con la llegada de la cuarta “transformación” al poder el ambiente político ha sufrido cambios considerables. La vida pública del país ya no se concibe en la lógica de gobierno-oposición sino en la lucha entre obradorismo y calderonismo. Esta dicotomía envuelve día tras día la narrativa gubernamental. Con el maniqueísmo por un lado y los aires de reacción por el otro, la miopía política es un hecho contundente. Aclaro, la miopía es una anomalía que produce una visión borrosa en los ojos la cual no permite visibilizar con claridad las cosas. En nuestro caso dicha miopía ocasiona posicionarse en los extremos políticos.

Los factores informales que determinan la miopía política son cinco: [1] tolerancia cero (ninguno de los dos grupos está predispuesto al diálogo); [2] extralimitación de lo político (atentar hacia la vida privada del representante político); [3] fanatismo partidario (creer ciegamente en la figura política); [4] imaginario de superioridad (pensar que se es mejor por la condición de clase, posición de poder o raza); [5] más guerra menos política (el debate público se convierte en una lucha a muerte). En la pugna obradorismo contra calderonismo los cinco factores de la miopía política están presentes. 1) Ni los obradoristas ni los calderonistas quieren encontrar un punto de acuerdo para sobrellevar el conflicto; 2) Los ataques a la familia de López Obrador al igual que la de Felipe Calderón tocan lo perverso al ser los menores de edad el centro del ataque; 3) Obradoristas y calderonistas consideran que sus líderes tienen la razón y la verdad; 4) La clasificación entre chairos y fifís exhibe el imaginario, los chairos elevados por su “moral” salvadora y los fifís preciados por su pedigrí; 5) La pasión de cada camarilla se lanza sin miramientos haciendo de la política algo personal, una guerra total  incorporándose la pieza de artillería predilecta en ambos bandos las fake news.

La miopía política no posibilita divisar la sensatez. Lo único que admite es guiarse por los instintos más bajos. Winston Churchill definía esto como el “político sofá” que va adquiriendo distintas formas sin conservar sus principios. La miopía política es el extravió de los principios. Sin principios en la política los consensos son improbables. El calderonismo que busca situarse en los márgenes de la oposición carece de una crítica sofisticada y se respalda en tuiteros con insuficientes conocimientos en ciencia política pero con un extenso repertorio en el descrédito público. De la misma manera con el obradorismo, golpea pero no le gusta que le golpeen. Imbuidos en la miopía política las facciones se destruyen gradualmente. El calderonismo sólo busca la abyección. El presidente con su política schmittiana de amigos-enemigos divide en lugar de cohesionar.

Terminar con la miopía política no es inalcanzable. Empecemos -al menos los que residimos en la medianía prudente – no sumando al maniqueísmo. Confeccionando críticas inteligentes; objetivas y desintoxicadas del odio vehemente. Pongo dos ejemplos, Calderón de cuerpo entero de Julio Scherer García para los que no comparten la caja ideológica del calderonismo y El mesías tropical de Enrique Krauze para el que discrepa del hoy presidente. Que el convenio sea una un primer paso para configurar la muy dañada política.

Deja un comentario