Inicios y reinicios, ¿Es la realidad tan absurdamente sencilla, o solo es para sentirnos mejor?

Como pequeño apéndice previo al análisis del fenómeno que nos acontece quiero retratar una situación curiosa sobre la ciencia ficción que se expresa a través de nuestro furor por las películas de esta índole, la existencia posible de una realidad diversa, de una fantasía viable por la ciencia y el control es algo que nos maravilla rotundamente, no lo podemos evitar, nuestra existencia como humanos está condicionada a la existencia de cierta credulidad por pretender tener el control de nuestro entorno, mientras más aspectos controlemos nos sentimos más seguros, y pareciera que incluso este afán por el control dá cabida a nuestra propia existencia, es muy interesante (excluyendo claro un tipo de ciencia ficción más disruptiva en donde nuestro encuentro con la realidad choca en versiones apocalípticas o distópicas por esta ambición, estos materiales sirven bastante, sin embargo no son lo que nos atañe ahora) ver cómo el amor y la esperanza reflejados en estas construcciones casi mágicas también facilitan (¿relativizan?) vaivenes en nuestra aburrida y monótona realidad y presente, ahora, desde esta idea que se parte imagínese querido lector, un mundo en donde pudiese haber un artefacto que le permitiese empezar de nuevo cualquier cosa, algún proyecto fallido, una promesa incumplida, un simple deseo sin llegar a una realidad, poder iniciar de cero sin miradas lascivas o críticas aledañas, «como si nunca lo hubiera intentado y fracasado en esto» suena deslumbrante y fantástico y por lo menos a más de uno le interesaría iniciar desde cero alguna etapa, algún proyecto o, ¿Por qué no? una vida entera.

Parece casi de ciencia ficción esta idea y se ha tomado en distintos materiales de ficción, un ejemplo muy burdo es la afamada serie animada de «Los padrinos mágicos» para quien no la haya visto era una serie donde dos hadas mágicas le concedían todo tipo de deseos a un niño de 10 años, en uno de estos episodios Cosmo (una de las hadas) se convierte en un artefacto que le permite al pequeño niño repetir cualquier cosa que él quiera en la que haya fallado, por lo menos un servidor soñaba en esos momentos de la infancia en tener un artefacto de esos, para solucionar problemas en los deportes o en los exámenes, a un adulto promedio le vendría mucho mejor uno así para la resolución de casi todos los problemas actuales que le puedan aquejar, lo curioso es que a fin de cuentas y de manera colectiva si encontramos la posibilidad de ésto, y la manera en que como especie tenemos ese pacto sustancial es con el tiempo, el mismo tiempo y su contabilidad establece momentos de inicio y de final, la forma en la que percibimos nuestra realidad cósmica a través del conteo de días, semanas, meses, años, décadas etc. facilita no solo una idea de viabilidad espacio-temporal en una especie de bucle (porque no hay otro mes después de diciembre más que enero, de un «nuevo año») infinito en donde si bien el conteo de los años si se hace presente por la infinitud de los números (afortunadamente y no por lejos no estamos viviendo una constante de año 1 a 12 por toda la eternidad como ocurre con los meses) pero si es con éstas vueltas al sol (nótese incluso la demarcación astral como un misticismo revitalizante para la existencia y la tranquilidad) que hayamos consuelo, al menos como especie humana en los inicios, «éste año haré esto» «el próximo año mejorará» «me corrijo cuando termine el año» etc. bajo esa misma idea del «mañana será otro día» a nivel global y por ende mucho más relevante, nuestro ser se renueva y parece que pudiéramos hacer lo que sea en un nuevo lienzo en blanco, como pintores inspirados nos abalanzamos sobre este espacio para poder hacer lo que nos plazca, esa ilusión del control vuelve a cobrar fuerza durante unos días (semanas o meses, dependiendo cual sea su deseo, como el pequeño de la serie, por cada uva o con el ritual de su preferencia) para luego derrumbarse por la inevitable realidad, pero bueno, «luego será otro año»

Y ahora puedo poner las cartas sobre la mesa, ¿es tan difícil en lugar de renovarse cada año, hacerlo cada día? ya sé que retraté la situación que lo desacredita, pero si dejáramos de ver ese nuevo día (o incluso podrían ser horas, minutos, segundos) como una panacea de lo que no queremos hacer en el momento (como una promesa de algo mejor) porque no verlo (así como también se puede hacer año con año pero ¿para qué esperar tanto?) como una oportunidad de mejorar, de seguir construyendo un proyecto, o comenzar uno auténticamente continuado (y así en efecto no se espera todo un año para intentarlo) apelo nuevamente a salir de ese pacto social y empezar a vivir de una forma si bien estructurada, más impetuosa y vigorosa, que cada momento que todavía se nos otorga sea uno de mejoría y disfrute, nos lo merecemos y francamente es algo que le dá así mismo sentido a la vida y la existencia, y a las razones de pensar siquiera en esta posibilidad, feliz año a todos, feliz mes, feliz día, en fin, felices instantes conmovedores y fructíferos siempre.

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