Navidad, sin colores o banderas por favor

En estas fechas la reconciliación está en boca de todos, la postura básica del entendimiento global y de un pequeño periodo de paz y descanso se puede apreciar incluso en las calles, vacías y silenciosas, sin el andar y devenir de nuestra monolítica rutina llena de dimes y diretes sobre la superación, la autodeterminación, simples órdenes que se siguen o medios de subsistencia, aunque de esa dinámica no me excluyo, pues no soy ni de cerca un ente aislado de la sociedad, sí quiero resaltar un pequeño detalle que se repite constantemente aunque naturalmente no es muy escuchado, la frase «ojalá así fuese todo el año» resume una idea básica de acartonamiento en la forma de desenvolvernos socialmente, un solo descanso es necesario al año (la navidad tiene una idea más simbólica de reposo que el año nuevo, éste representa una sensación de renovación de la que hablaré en la próxima columna) para poder soportar la carga constante de la polarización, de las peleas, de todo lo que nos divide como especie para poder sentirnos parte de una sola masa homologada abstracta de paz y amor (todo lo que las ideas socialistas soviéticas no lograron mantener durante mucho tiempo bajo la expectativa que ellas mismas plantearon), para que a continuación todo vuelva a ser como siempre, las separaciones, los malos tratos, la arrogancia de querer tener siempre la razón indiscutible, uno se pregunta al observar este fenómeno si en la popular historia de Charles Dickens «un cuento de navidad (Christmas Carol)» el personaje amargado (y el más realista para nuestro contexto moderno) y escéptico de la navidad, después del día de jolgorio y risas volvió a ser el viejo detestable de siempre, o incluso peor pues entendiendo esta lógica podía entenderse nuevamente a la reconciliación con todos el 25 de diciembre (evitando perpetuamente su muerte cada que se acercaba esa fecha de la que no estaba enterado del año como tal) y lo mismo se puede decir del Grinch, el personaje creado por el imaginario del Dr. Seuss, quien desde cierta perspectiva se podría decir que odiaba más a las personas que a la navidad como tal. Lo que quiero dejar claro es lo irónico, bello pero absurdo que representa esta fecha si sus efectos no se esparcen como nieve cayendo del trineo de Santa Claus por todo el mundo y por todo el año sin que se derrita en primavera (o el 26 de Diciembre), es como la imagen, vuelvo a recordar, admirable pero vacía de sentido de soldados en la primera guerra mundial en 1916 festejando y abrazándose para que al día siguiente procedieran con el fuego atrincherado sin tregua o entendimiento viable asesinando a quienes les habían pasado los panecillos y el vino 24 horas antes, ¿Notan lo estúpido que parece? y no quiero criticar por eso a la navidad, pero si a la hipocresía a su alrededor, pues así como los beligerantes del ejemplo dejaron momentáneamente de ser franceses o alemanes y se alegraban como si la guerra hubiese terminado (aunque distaban años para que así fuera) actualmente todos dejan de ser enemigos, conservadores y liberales, ricos y pobres, fifís y chairos (hasta el mismo presidente dio sus mejores deseos para estas fechas por igual a todos los sectores, cosa que resulta altamente excepcional en el argot discursivo que tiene acostumbrado el resto del año) y parece como si la paz se hubiera alcanzado, cuando no podría ser la situación más lejana y ajena, después de las 11:59 de hoy (25 de diciembre) el hechizo termina, y vuelvo a la pregunta que todos nos hacemos pero carece de atención ¿Es mucho pedir que así o algo cercano a ésto sea durante todo el año? FELICES FIESTAS Y FELIZ VIDA.

Deja un comentario