ENTRE AMIGOS Y ENEMIGOS

La exoneración de Manuel Bartlett director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) por parte de Irma Eréndira Sandoval titular de la Secretaria de la Función Pública (SFP) causo revuelo en la vida política de México. Bartlett fue evidenciado hace meses tras una investigación de Carlos Loret de Mola y su equipo en la que se exponía la exorbitante riqueza en bienes inmuebles del político, después de una “supuesta” indagación de las autoridades, Bartlett estaba limpio. No profundizare en el trabajo periodístico de Carlos Loret de Mola, se puede consultar en internet. Lo que realmente me atañe aquí es analizar la política de la “cuarta transformación” y sus contradicciones, su pragmatismo a la hora de unificarse, porque si algo tiene la “cuarta transformación” es marcar la línea entre amigos y enemigos.

La política de la “cuarta transformación” es de corte schmittiano, divide la arena pública en amigos y enemigos, está claro, para Andrés no existen corruptos (Manuel Bartlett); incompetentes (Alfonso Durazo) y mafiosos (Salinas Pliego), solo existen sus amigos los que apoyan su proyecto y sus enemigos los que rechazan su proyecto. Una vez declarado el amor transformador estas libre de todos los pecados cometidos en el pasado. La política de la “cuarta transformación” requiere crear un enemigo en común que en este caso es el “conservadurismo” frente al “progresismo morenista” (aunque el propio morenismo tenga tintes reaccionarios). Es “conservadurismo” toda crítica al poder -según el presidente- y automáticamente lo alimenta. Esa tensión que mantiene el conflicto vivo es instaurada desde palacio nacional, esa es la lógica de gobernabilidad. No hay ninguna primicia en dicha politica, Andrés a lo largo de su carrera se ha inventado adversarios a los cuales denuesta para él ser el héroe de la película, la “mafia del poder” es una muestra.

Pero no solo el schmittianismo de la “cuarta transformación” reina en los despachos del poder.  El pragmatismo de Andrés es notorio a la hora unificar su ideal. Se entiende en el momento que dio espaldarazo al oscuro Manuel Barttlet al publicar una foto en su cuenta oficial de twitter donde se encuentra desayunando con él (Bartlett) un día después de ser exonerado por la SFP. Dicho en palabras de Agustín Basave en su artículo “AMLO: de la prédica al puñetazo” (proceso, núm.2250) “López Obrador es la paradoja encarnada. Entre otras contradicciones personifica la del predicador pendenciero: pasa de la catequización al puñetazo con una enorme facilidad”. La catequización es su discurso anticorrupción y el puñetazo su respaldo al viejo apparátchik del priísmo distinguido por corrupto. Quizá por eso el diario británico Financial Times en una publicación del 18 de noviembre del 2019 con el título “López Obrador accused of double standards in corruption war” habla de la lucha contra la corrupción de López Obrador como el instrumento para borrar a sus enemigos y hacer de la “vista gorda” con sus aliados (https://www.ft.com/content/de42240a-f46c-11e9-b018-3ef8794b17c6). La máxima juarista de regreso en el pragmatismo unificador de Andrés “Para los amigos, justicia y gracia. A los enemigos, justicia a secas”.

¿Se exagera con la figura de Bartlett o es menester seguir el bombardeo de cuestionamientos? Para nada se exagera, Manuel Bartlett es un personaje sombrío de la política mexicana; con un negro historial de tropelías; configurado por el barbarismo gansteril del sistema priísta; del peso de Manlio Fabio Beltrones; Córdoba Montoya o un Fernando Gutiérrez Barrios. Eso no se puede olvidar. No obstante pareciera que los cuatroteros padecen de amnesia, denuncian al “neoliberalismo” inexistente pero salvaguardan la caída del sistema, dicen enterrar los vestigios del dinosaurio pero cuentan con un eslabón en las filas del cambio. Bartlett comprueba que la política de la “cuarta transformación” es mero pragmatismo de la necesidad eso que Kant denominaba moralismo político el cual despreciaba por desleal y falso que reinventaba la “moral”.

Pese a que la política órbita en torno a la división amigo-enemigo, la “justica a secas” contra los enemigos está muy lejana de ser efectiva y más cercana a ser un espantapájaros. Los casos de Emilio Lozoya (Odebrecht); Rosario Robles (Estafa maestra); Alonso Ancira (Altos hornos de México) y Juan Collado (Caja libertad), se hallan empantanados.  Tampoco el fiscal Gertz Manero y la Fiscalía General de la República manifiestan una actitud apegada con el estado de derecho, lo ha señalado la periodista Lydia Cacho y el analista Edgardo Buscaglia. Nuestros tiempos políticos son caóticos los corruptos son mártires y los críticos lapidados por el patíbulo moderno. Hace unos días leyendo El poder corrompe de Gabriel Zaid halle las palabras oportunas para concluir este artículo “No hay santos en el poder, ni hacen falta. Lo importante es que los conflictos de interés sean conocidos y los abusos castigados”. 

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