El duelo preelectoral: El Impeachment

El pasado 18 de diciembre fue aprobado por la Cámara de Representantes de los EEUU el llevar a Juicio Político a Donald Trump, actual mandatario estadounidense, lo cual abre un nuevo capítulo en la novela que se desató después de que se diera a conocer que Trump habría chantajeado a Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, para que investigara a Hunter Biden, quien es hijo del que se apunta como el principal rival de Trump de cara al proceso electoral del próximo año, Joe Biden. Esto convertiría a Trump en el tercer presidente estadounidense en enfrentar este proceso, Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1999) son los otros dos presidentes en haber sido sometidos a Juicio Político, en ambos casos el Senado votó en contra de la destitución de la cabeza del Ejecutivo.

Sin embargo esta noticia no es algo que se pueda celebrar, pues cabe recordar que los republicanos cuentan con los números a su favor en el Senado de los Estados Unidos, lo cual nos hace preguntarnos si realmente la jugada del Partido Demócrata habrá sido la más adecuada. Y es que de fracasar los planes de los Demócratas liderados por Nancy Pelosi, quien se vería beneficiado por los resultados de este proceso sería el propio Donald Trump pues saldría con una imagen fortalecida en los meses previos a la elección presidencial, lo cual resulta sumamente peligroso para los propios demócratas si tomamos en cuenta que carecen en estos momentos de una figura que cohesione a los diferentes sectores de las bases electorales del partido y las distintas facciones que conviven al interior del mismo.

Lo arriesgado de esta jugada ha permitido que se pongan sobre la mesa dudas como las que Juan Carlos Calleros plantea en su artículo «El Juicio Político contra Trump», donde se maneja la posibilidad de que el presidente de los EEUU haya empleado una estrategia similar a la jugada conocida en el ajedrez como «el gambito de la dama», en la cual el jugador hace un sacrificio a cambio de obtener una ventaja sobre su rival. Y, analizándolo con tranquilidad, la verdad es que esta idea no suena del todo descabellada, pues si bien es cierto que el riesgo tomado por Trump al abrir la posibilidad de su destitución es bastante alto, el poder permanecer 4 años más en la Casa Blanca resulta un beneficio mucho mayor al riesgo.

No sabemos si Pelosi sabe que podría haber algunos senadores republicanos que se sumen a los demócratas de la Cámara Alta, lo cual luce muy poco probable a primera vista, o si las ansias de desprestigiar la imagen del presidente a la par de calmar a sus compañeros de partido, que desde el primer día de la administración Trump han buscado la forma de poder deshacerse del mandatario, haya sido lo que la llevó a mover sus piezas de esta manera. Cualquiera que sea el caso, alea iacta est, ya no hay marcha atrás en esta lucha que se ha convertido en un matar o morir para los demócratas y en la cual parecen tener todo en su contra.

Y es que aunque a más de uno de nosotros la posibilidad de ver a Trump destituido nos resulta de lo más agradable, sí sería necesario que el Partido Demócrata analice como un escenario altamente posible el hecho de que el Senado decida respaldar a Trump. Ante esto tendrían que hacer un balance entre sus candidatos más fuertes en estos momentos, puestos que son ocupados por Bernie Sanders y Joe Biden, pues mientras que el Senador por Vermont goza de un amplio respaldo popular y de los sectores más progresistas del partido, el exvicepresidente es muy popular dentro de la cúpula del partido y con una buena parte del sector empresarial que simpatiza con el Partido Demócrata, además que el carisma de una figura como Barack Obama juega mucho a su favor.

Sin duda esta novela ha entrado en su capítulo más interesante pero aún estamos lejos de su final. Habrá que seguir muy de cerca el proceso de destitución así como las campañas y las elecciones presidenciales del próximo año en nuestro país vecino pues los resultados definirán la dinámica entre nuestro país y los EEUU por lo que resta del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Vaya forma de terminar el 2019 con un tema que sin dudas nos seguirá dando de que hablar el próximo año. Por último, nuevamente me gustaría extenderle la invitación a que se empape de información al respecto y forme una opinión propia que pueda alimentar el debate público.

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