Ojalá todas se fueran de fiesta

Tras darse a conocer que Karen Espíndola apareció sana y salva en su casa tras «mentir» sobre su paradero, las redes sociales atacaron sin piedad a la joven.

«Gorda», «mentirosa», «puta», «borracha» y otros descalificativos inundaron las redes sociales el pasado 4 de noviembre cuando se reveló que la joven se había «ido de fiesta» y no se encontraba secuestrada como en un principio.

¿Su error? Enviar un mensaje a su madre indicando que el taxista con el que viajaba «se veía sospechoso». A partir de ahí, el mensaje de su hermano pidiendo apoyo para encontrarla se compartió miles de veces y las voces exigiendo justicia no se hicieron esperar.

En un país como México donde diariamente las notas periodísticas son ocupadas por los titulares «Hallan mujer embolsada/encajuelada/en un barranco», que una joven se haya ido de fiesta a disfrutar de su tiempo y no se encontraba secuestrada debería ser motivo, por lo menos, de alivio.

Más allá de la «mentira» o el «engaño», lo cierto es que periodistas, artistas y personas en general contribuyeron de forma oportuna compartiendo el mensaje y exigiendo que fuera hallada. En este país, en lo menos que se podía hacer.

Ahora, cientos de voces descalifican, atacan, señalan y se burlan de Karen Espíndola por su apariencia física, hacen burla y mofa de su fotografía y de paso, como buena nación machista que somos, utilizaron este caso para desacreditar sin fundamento alguno al movimiento feminista. 

¿Qué esperaban todos aquellos que se burlaron de Karen? ¿Que fuera hallada golpeada, con signos de abuso o tal vez esperaban su cuerpo en un taxi abandonado?

A este paso, ojalá todas las mujeres desaparecidas en realidad estuvieran de fiesta, con el novio o con amigos, ojalá en este país lo único que tuvieran que sufrir fuera una cruda, ojalá en este país ya no hubiera más muertas.

 

 

 

 

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