El pasado 1 de diciembre se cumplió un año de la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), para celebrarlo se organizó un evento que congregó a cerca de 250 mil personas en la Plaza de la Constitución. Por su parte, los grupos de la oposición hicieron lo propio convocando a una marcha que partiría del Ángel de la Independencia y tendría como destino el Monumento a la Revolución, la cual junto a un estimado de 8,000 personas de acuerdo a los datos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). A tan solo 2.2 kilómetros de distancia se encontraban dos sectores de la población con discursos y demandas totalmente distintos, dos Méxicos muy diferentes.

Dos Méxicos cuyas diferencias se han hecho más evidentes elección tras elección desde 2006 hasta la más reciente de 2018, e incluso de manera más clara tras la victoria de AMLO en estas últimas. De un lado están quienes a gritos pedían una alternativa distinta a lo que habían mostrado gobiernos anteriores y que encontraron en Andrés Manuel y el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) esta alternativa. Del otro está un sector cada vez más minoritario de la población que busca defender ciertos privilegios o que se siente atacada por las declaraciones del presidente de la República y que buscan regresar a los planteamientos de gobiernos anteriores, específicamente a los del sexenio de Felipe Calderón.

Aunque al resaltar la existencia de estas dos posturas antagónicas no se pretende decir que esto se trata de un dilema blanco o negro y que el estar en contra de uno te posiciona automáticamente del otro extremo, evidentemente habrá quienes no se ubiquen en ninguno de estos dos grupos. Simplemente se trata de hacer notar la «polarización» de la sociedad de nuestro país, misma que es resultado más de discursos clasistas y racistas, así como de una brecha social enorme entre los estratos más marginados y aquellos que acumulan la mayor cantidad de riqueza, y menos de un discurso que señala dichas diferencias y que, en el fondo, busca combatirlas.

«Los mexicanos no se volvieron de izquierda masivamente de un día para otro, sino que estaban hartos, que no es lo mismo»

– José Mujica, ex presidente uruguayo

Ahora, entrando de lleno en el tema, hay muchos puntos que este sector minoritario no ha terminado de entender. El primero es que la realidad de la gran mayoría de quienes marcharon el domingo pasado, quienes en un porcentaje bastante considerable son personas de tez blanca y de clase media alta, no es la realidad del grueso de la población de nuestro país, por lo que en lugar de denigrar a los votantes de AMLO llamándoles holgazanes, mugrosos, ignorantes, resentidos, o cualquier otro descalificativo de este estilo, deberían de tratar de comprender las razones que llevaron a la gente a tomar esta decisión, así como también tomar conciencia de las condiciones tan deplorables en las que viven más de la mitad de la población de México, las cuales contrastan y evidencian una diferencia abismal respecto al estilo de vida que ellos llevan.

También tienen que comprender que no van a lograr articularse como una oposición seria a los ojos del grueso de la población siguiendo a las ya desgastadas figuras políticas como lo son Vicente Fox, Gabriel Quadri, Jesús Ortega, Jesús Zambrano, o cualquiera de los miembros de las familias Calderón, Zavala y Gómez del Campo. Y es que justamente fue el hartazgo de la gente ante los errores y escándalos de corrupción de estos personajes, así como el fallido regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder en 2012, lo que permitió que Andrés Manuel ganara con más del 50% de los votos en las pasadas elecciones.

Foto: Mesthern

El pasado domingo en reforma sonaban las voces de una oposición derrotada y que sigue sin encontrar el rumbo, la defensa de privilegios que se ven amenazados con algunas declaraciones del presidente, el rechazo al comunismo -o lo que sea que ellos entiendan por comunismo-, el rechazo al «totalitarismo de López», los mensajes llamándose «orgullosamente fifís» y los apoyos a la familia LeBarón por la tragedia que recientemente les impactó. A unos kilómetros de ahí, en la Plaza de la Constitución todo era muy distinto, organizaciones sindicales, representantes de algunas comunidades indígenas, grupos de jóvenes y otros colectivos de simpatizantes del gobierno de López Obrador inundaron el lugar para mostrar su apoyo y escuchar el mensaje que se tenía preparado para la ocasión, e incluso el ex presidente de la República Oriental de Uruguay, José Mujica, hizo acto de presencia en dicho evento.

El mensaje era claro, a pesar de que existen algunos rubros pendientes para la administración de Andrés Manuel, como lo pueden ser el tema de seguridad y el crecimiento económico, la gente sigue confiando en que las decisiones que se están tomando, realmente están contribuyendo a que se sienten las bases para un verdadero cambio, la llamada «Cuarta Transformación» en la vida política de nuestro país. Sin embargo el que hoy el obradorismo sea la fuerza que gobierne, no debe de cegarnos, hay que seguir manteniendo el espíritu crítico -para alzar la voz cuando se traicionen los ideales del movimiento-, recordar de donde viene el movimiento, por quienes se lucha y a donde se quiere llegar, y seguir construyendo para la gente.

Un año después de que Andrés Manuel asumiera la presidencia de la República la oposición, tanto la conformada por los partidos políticos como la «ciudadana», siguen naufragando y no parecen tener intensiones de reestructurarse pronto para conectar con la gente y hallar la manera de presentar una pelea decente. Por otra parte MORENA sigue sumido en las luchas intestinas por algunos puestos tanto dentro del partido como en alguno de los espacios de poder que se abren en la administración federal, lo que, junto a que se siguen reproduciendo los vicios que tanto se han criticado en la política mexicana, ha ido desgastando su imagen y fuerza, por lo que para el obradorismo será importante cuestionarse si esa será la trinchera desde la que se dará pelea a futuro o si mejor sería buscar nuevas formas de organizar el movimiento.

Los siguientes 5 años deben de servirles a estas dos realidades tan distintas, al obradorismo para consolidarse como una fuerza política con proyección a futuro, mientras que a la oposición -cuya ala más reaccionaria se radicaliza cada vez más- para replantearse sus objetivos y reestructurarse a fin de poder competir realmente contra el obradorismo. Por último no queda más que extenderle a usted como lector la invitación para que se involucre más en los asuntos de la vida pública de nuestro país, lea, infórmese, politícese, forme un criterio propio, no reproduzca discursos vacíos y manténgase crítico independientemente de la postura que decida tomar, recuerde que -como decía Antonio Gramsci- los indiferentes son el peso muerto de la historia.

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