¿Qué hay de nuevo Estados Unidos?

Nuestro vecino del norte, como siempre ha sido costumbre siempre nos deja mucho de qué conversar y reflexionar, independientemente de las políticas, del tipo de gobierno que en ese país (el elefante rojo o la mula azul) o del personaje que representa a la investidura en aquella región, nuestra cercanía casi simbiótica que ha existido por lo menos desde que se proclamara la conocida doctrina Monroe en 1823, incluso desde antes, hace que inevitablemente cada decisión tomada en alguno de los dos países influya de alguna manera menor o mayor en el otro, resulta incluso irónico lo certera que resulta esa frase de Porfirio Díaz (al menos atribuida a él) «pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos» sin incluir un necesario repaso de todas (y vaya que son bastantes) las vicisitudes y buenos tratos que se han encontrado con la bandera de las barras y estrellas actualmente como muestra demostrativa de este hecho han ocurrido por lo menos tres sucesos de alta alcurnia, aunque uno de ellos pareciera no tan importante para nuestra nación, lo és en cuanto a la dirección sociopolítica que tomará Estados Unidos, por lo menos a los largo de los siguientes 5 años, (2024, año de elecciones allá y acá, resulta de alta relevancia en perspectiva a futuro), éstos son; las posturas de las cámaras alta y baja sobre la ratificación del tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) la decisión del presidente Donald Trump de enlistar a los narcotraficantes mexicanos como terroristas (ésta debo decir es la que resulta más apremiante actualmente) y el proceso de juicio político o «impeachment» al funcionario ya dicho (es la que resulta a primera instancia no tan importante).

Sin entrar en detalles, este proceso definirá el rumbo de la política norteamericana lo que resta del mandato del presidente en turno (posiblemente sucedido por su vicepresidente: Mike Pence) hasta el 21 de enero del 2021 y los otros 4 años que se sucederán hasta el 2025, esos ya son momentos un tanto lejanos de los cuales no nos incumbe profundizar más. Como decía es con este proceso que se acrecentarán o disminuirán tensiones entre nuestra nación y la del norte, y que por ende podrá definir la dirección que tomen las otras dos cuestiones, de alta relevancia también.

Es muy evidente a lo que se refiere la imagen, es el vínculo económico más fuerte que tenemos actualmente y del cual para bien o para mal dependemos en mayor medida, lo que suceda con el tratado en su posible ratificación, reservas, o nulidad de acción por parte del congreso estadounidense definirá el camino que nuestra economía tomará durante posiblemente los próximos 20 o 30 años (dependiendo de igual manera como se movilicen las cosas en los tres territorios en ese tiempo) no es para tomarlo a la ligera, nuestra moneda, inflación incluso tazas de empleo y bienestar dependen en mayor medida (y esto ha sido desde la década de los 40 el siglo pasado) de lo que suceda arriba del río Bravo, es preocupante la apatía y falta de anhelo por una unidad internacional con la que proceden los representantes y senadores norteamericanos, esto puede alegarse que no depende tanto del ejecutivo, por lo que el juicio político no afectaría mucho, pero es claro que tanto en los movimientos de poder entre el partido demócrata y el republicano existe este juego por ver quién realmente instaura esto, mientras uno no ceda el otro no dejará la arrogancia para retener el acuerdo, y un ejecutivo homologado, más imparcial y con una fuerza no debilitada por un proceso judicial en su contra podría direccionar mejor.

Finalmente el asunto de mayor alcurnia en cuanto a los actos de este territorio es el que ha escandalizado a muchos politólogos y analistas y que en opinión de algunos escandalosos es la confirmación de nuestra personalidad bélica al grado de una violencia del tipo árabe en medio oriente (aunque es importante destacar que similitudes a México no le sobra) de esta forma debemos resaltar una pequeña acotación con respecto a la necesaria distinción en cuanto a la situación en uno y otro espacio, sin embargo la verdadera y más importante percepción siempre serán las que tienen los «gringos» por lo menos en este aspecto geopolítico, si el presidente (muy al estilo de Reagan con Gadafi o de H.W. Bush con Hussein, o de W. Bush con Bin Laden, en fin. USA!!!!) dice que hay terrorismo en algún país por lo cual amerita protección global o el cómo la población en general percibe al territorio inhóspito y peligroso, entonces México termina siendo una zona de alerta, un lugar poco viable y peor aún, una suerte de pequeño foco de violencia, disparos, sombreros y tequila (aunado con la tendencia arquetípica del modelo mexicano) incluso así justificando una posible invasión punitiva a nuestro país, cuestión que no sucede desde hace 100 años, y que nunca fue puesta en duda seria y poderosa como ocurrió en 1986, 1990, 2003 respectivamente, todo volviendo al punto de origen, Estados Unidos de América, el gigante invencible, quien desde hace más de 243 años fue cultivando su poder y su hegemonía hasta que desde hace 102 destronó al anciano vigía europeo para consolidarlo en 1944 con Bretton Woods (todo desde la perspectiva idolátrica histórica) y todo esto observado con acierto durante estos tiempos por el presidente Miguel Alemán, por lo que era necesario acercarse y no provocar una posible invasión contra el monstruo comunista tal como pasó en Corea o Vietnam, las decisiones duras fueron meritorias de tiempos duros, actualmente vale la pena cuestionarnos no si vale la pena seguir en cercanía con este país, a fin de cuentas es importante mantener una relación exterior constante para asegurar la estabilidad en todos sus ámbitos, esto desde una idea más internacional, pero si es importante observar la posibilidad de salir un poco de esta influencia, en especial con más jugadores en el plano mundial a los que podemos acercarnos (con sus riesgos por supuesto) para así si bien no desprendernos del todo de este gigante, poder equilibrar un poco las cosas, no temer por todo tipo de decisión que se tome allá y poder conciliar un equilibrio de fuerzas sobre nuestra nación.

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