¡Que arda toda la ciudad y se destruyan todos los monumentos!

Cada #25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, se organizan y se llevan a cabo distintos actos de resistencia y denuncia en los que miles de mujeres nos unimos para exigir justicia ante las violencias que vivimos cotidianamente. Se alza la voz particularmente por todas las niñas, adolescentes y mujeres que ya no pueden hacerlo, que fueron violentamente arrebatadas y asesinadas.

El domingo 24 de noviembre se realizaron marchas en el Estado de México que recorrieron Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, dos de los municipios con mayor recurrencia de feminicidios. Las mujeres del estado visibilizaron la gran necesidad, no sólo de descentralizarnos, sino de acuerparlas más y poder ver las realidades de las periferias.

El día 25, se llevaron a cabo otras manifestaciones y marchas en la Ciudad de México en donde tomamos las calles y acompañamos a madres y familiares de víctimas a recordar a quienes ya no están con nosotras y a exigir un alto a la violencia misógina y feminicida. Fue un recorrido doloroso y de mucha digna rabia. Se gritaron muchos mensajes, entre ellos:

“Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”

“Ni perdón, ni olvido, castigo a los asesinos.”

“No fue suicidio, fue feminicidio”

“Vivas se las llevaron, vivas las queremos”

“No estamos todas, pero no estamos solas”

“Mujer, escucha, esta es tu lucha”

“Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”

También se nombraron a las víctimas, se compartieron lágrimas, se hicieron cantos, se repartieron abrazos.

Sin embargo, al día siguiente, las notas periodísticas y los comentarios de varias funcionarias y funcionarios de gobierno y de gran parte de la sociedad, se centraron nuevamente en “el vandalismo” y en las pintas a los monumentos. Criminalizaron a las manifestantes y llamaron “violencia” a la protesta. Y así como se planteó en agosto, repetimos lo mismo: #FuimosTodas porque no hay mujer en este país que esté exenta de sufrir acoso, abuso y violencia por el solo hecho de ser mujer. Y más importante: no hay ni una sola pared ni un solo monumento que valga más que la vida de una mujer que ha sido violada, torturada y asesinada. Es inconcebible que haya personas que se indignen más por pintas y destrozos a inmuebles materiales que ante la situación de emergencia que vivimos las mujeres en México.

De acuerdo con datos del INEGI, en México, más de 30,7 millones de mujeres de 15 años y más ha enfrentado violencia de cualquier tipo. Más de la mitad de las jóvenes ha sido agredida sexualmente. Y actualmente, 10 mujeres son asesinadas al día con agresiones intencionales. Los feminicidios que suceden diariamente son con saña, son con odio. Las mujeres son encontradas estranguladas, ahorcadas, sofocadas, ahogadas, quemadas, golpeadas, violadas. Si esto no es razón para querer destruirlo todo, no sé qué lo es.

Hubo más de 2,000 policías acompañando la marcha feminista del #25N y protegiendo las propiedades. Ojalá así de presentes y dispuestos estuvieran todos los elementos policiales de seguridad ciudadana para protegernos de los agresores, violadores y feminicidas. Mientras todavía estábamos marchando, ya había personal de limpieza quitando las pintas en el Hemiciclo a Juárez. Ojalá así de rápido respondiera el gobierno cada vez que se reporta un abuso, una violación, una desaparición y un feminicidio.

No existe forma de imaginarse el dolor tan inmenso que viven las madres y los familiares de quienes pierden a alguien de una manera tan atroz e injusta. Y aunado a ello, saber que se enfrentan a un sistema penal que revictimiza y no brinda justicia. Solidarizarse en su rabia y su indignación es legítimo. Lo único que se necesita para entender estas manifestaciones es un poco de empatía.  

Y es por todo esto, que sólo me queda por decir:

Espero que arda toda la ciudad hasta que la dignidad se haga costumbre y que se destruyan todos los monumentos hasta que no haya ni un solo feminicidio más.

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