NUESTRA CLASE POLÍTICA

Gaetano Mosca definió la clase política como la clase “menos numerosa” que “desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y disfruta las ventajas que van unidas a él”. Un sistema político tiene tanto una clase gobernante como una clase gobernada. En un modelo democrático representativo la democracia es pro tempore. Es imprescindible disponer de una clase que tome decisiones en democracia. Sin una clase que controle el aparato de estado, la anarquía y el caos son los caminos recurrentes.

En México, la clase política se cuece aparte, es un remedo de clase y de política no tiene nada. Es más una agrupación con intereses comunes en la extracción y distribución de rentas para beneficio propio sin importar el color del partido. Esa “clase política” es dependiente de lo que la ciencia política llama pork barrel que reside en la cooptación clientelar de sectores de la ciudadanía para ganar votos. Esa nuestra “clase política” le llamó Nostra clase política pues como agrupación tiende más al actuar mafioso. En el bajo mundo italiano la cosa nostra es una organización delincuencial, cosa nostra significa “nuestra cosa”, “nuestro asunto”, poco tiene que ver con la política pero me parece un término ideal para bautizar a la incipiente fauna política imperante en nuestro país.

No es para menos: en las cámaras representativas existen narcopolíticos (Salgado Macedonio, Morena), ignorantes en la materia (Sergio Mayer, Morena), locuaces de la palabra (Fernández Noroña, Partido del Trabajo); pérfidos vividores (Ochoa Reza, Partido Revolucionario Institucional) y fósiles del erario (Federico Döring, Partido Acción Nacional).  Las diferentes fuerzas de partido aglutinan a los crápulas de la política. No importa la bandera ideológica el pork barrel es el mismo. Así lo hace saber el reconocido politólogo estadounidense Bruce Bueno de Mesquita en El manual del dictador, por qué la mala conducta es casi siempre buena política “…por lo que concierne a la política, no importa mucho la ideología, la nacionalidad y la cultura…al tratar de política debemos acostumbrarnos a pensar y hablar de las acciones e intereses de dirigentes concretos y con nombre y apellido, no de ideas confusas como el interés nacional, el bien común y el bienestar general” vaya realidad.

Hace unos días la cruda verdad choco sin contemplaciones contra los ojos interesados en la vida pública de la nación. El Senado de la república pasó de ser un recinto parlamentario para convertirse en un coliseo de lucha. La controvertida elección para elegir a la nueva representante de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) mostró la falta de debate de Nostra clase política (https://www.animalpolitico.com/2019/11/senado-votacion-cndh-rosario-ibarra/). Las formas fueron aplastadas, los protocolos barridos. En vez de parlamentarios se vió la caterva extractiva. Ese día se violento la democracia bajo una bandera y se defendieron intereses bajo otra. Pero no se quebró la omertá política. Al final la cohesión como clase venció.

La historia de Nostra clase política quizá se remonte a los tres pactos políticos que reforzaron su cuerpo magno. Es el politólogo y también profesor Jorge Javier Romero Vadillo quién enumera aquellos tres pactos históricos: El pacto del 29՚ que fundó al Partido Nacional Revolucionario (PNR) abuelo de Partido Revolucionario Institucional (PRI) con Plutarco Elías Calles como actor principal; el pacto del 38՚ que logró la consolidación de la matriz corporativa emprendida por el presidente Lázaro Cárdenas y el pacto del 46՚ entre Miguel Alemán  Valdez y el empresariado mexicano que institucionalizó el poder en manos de un solo partido. Ya sabemos el desenlace, toda una claque de clientelas a lo largo del periplo de mitades del siglo XX hasta nuestros tiempos.

Esa es Nostra clase política: un submundo mafioso en el que las ideas no importan más que la extracción de rentas; donde predomina la política a la Fouché; la demagogia como sello de imprenta desde la izquierda hasta la derecha pasando por el centro; que contamina todo a su paso;  compra voluntades y elimina a los rivales;  en la que democracia es un simple concepto que se aprovecha para arengar en periodo de elecciones y desechar en la mesa de toma de decisiones. Esa tristemente es Nostra clase política.

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