El Renovado Arte de la Manipulación

A pesar de la democratización de los medios de comunicación se puede afirmar que la manipulación mediática sigue más viva que nunca. Y la forma más efectiva de manipular es a través de los pequeños detalles. Adjetivos malintencionados, verdades a medias, distracciones premeditadas, datos mal comunicados, encuestas que parecen revelar la verdad absoluta son algunas de las trampas editoriales que los grandes medios nos recetan diariamente. ¿Cuál debería de ser nuestra postura como público?

El poder de los medios es innegable. Pero ha disminuido y la sociedad se ha vuelto más crítica con ellos. Por ello es que su manipulación ya no puede ser tan obvia, ni tan sinvergüenza. Han optado por esconder sus cartas detrás de la delicadeza y fragilidad de la realidad. Ya no son los tiempos donde la verdad era patrimonio de las grandes televisoras y periódicos por eso es que han tenido que desarrollar el nuevo arte de la manipulación, basada en dominar los detalles.

Gracias a la democratización de los medios en los tiempos digitales y la creación de medios de comunicación de forma masiva, se tiene el plazo de aproximadamente 3 segundos para captar el interés de los lectores. En esta era para sobrevivir es necesario captar la atención del lector en un instante. Debido a esto, medios de comunicación se atreven a hacer; llamativos encabezados, frases más mercadológicas, utilización de adjetivos más agresivos, enfatizar lo que el público quiere escuchar. Todo esto con el fin de conseguir un segundo de atención del público. 

Los tiempos cambiaron y las grandes corporaciones dedicadas a informarnos tienen que adaptarse a la revolución tecnológica; cibernautas críticos que cada vez rechazan los medios convencionales y la absurda competencia por atención. Tienen que ser más agresivos pero a la vez cautelosos para captar nuestra atención y más importante nuestra aceptación. Nuestro papel como público es cuestionar cada palabra, cada enfoque, cada ángulo buscar ver más allá de la información. Dudar hasta el cansancio y a veces sí, lastimosamente, cuestionar hasta al mismo autor.

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