UNA NUEVA FORMA DE DEMOCRACIA

Las nuevas tecnologías cambiaron el rumbo de las cosas en todos los ámbitos: económico, cultural y político. Con la llegada de las redes sociales el estallido interactivo se convirtió en un imperativo sin retorno. El acontecer mundial y nacional están a la mano con tan solo pulsar un botón y conectarse al universo digital. Nunca en la historia habíamos tenido la información en cuestión de minutos, gratuita y con una facilidad envidiable ante las otras épocas. Desde The New Yorker hasta South China Morning Post, lo que ofrece la segunda revolución industrial del presente siglo en nuestros smartphones, tablets y laptops es asombroso. Para la política la situación no le es ajena. Tanto las democracias como las dictaduras resienten sus alcances positivamente y negativamente. En la democracia una nueva forma de lucha se hace presente: la guerra de bots, las tendencias y las opiniones libres sin adjetivos. La democracia ha cambiado.  

Como indica David Runciman (politólogo de Cambridge) en su libro Politics “el nacimiento de la red y el desarrollo de dispositivos baratos y eficientes con los que acceder a ella han alterado por completo el modo en que las personas se relacionan. Cantidades ingentes de información están ahora al alcance de quien la quiera, la velocidad de la comunicación se ha incrementado de forma exponencial, tanto como se ha encogido la distancia física. El número de redes de personas que comparten intereses, gustos, preocupaciones, obsesiones, prejuicios y temores es variadisimo y casi infinito”.

En The end of power Moisés Naím (miembro del Carnegie Endowment for International Peace) nos habla de una configuración en las relaciones de poder en nuestro tiempo. Estas transformaciones revolucionarias -como menciona- son: la revolución del más; la revolución de la movilidad y la revolución de la mentalidad. Cada una juega un papel importantísimo en el “ajedrez del poder”. La más ad hoc para comprender el papel de las redes sociales en la democracia es la revolución de la movilidad que “capta el hecho de que no solo hay más de todo sino que ese ‘más’ (gente productos, tecnología, dinero) se mueve más que nunca y a menor coste, y llega a todas partes, incluso a lugares que hasta hace poco eran inaccesibles”. En México la revolución de la movilidad hace su aparición en el trato entre gobernantes y gobernados.

La “república de twitter” es un claro ejemplo. La democracia mexicana a través de las redes sociales muestra su potencial participativo. Los censores de opinión y el desconocimiento de la vida pública son temas olvidados. En el presente la observación ciudadana es mucho más activa, consciente y exigente ante sus funcionarios de la burocracia. Situando dos ejemplos: la crítica al presidente acerca de sus comentarios donde desprestigia a la prensa crítica (https://www.animalpolitico.com/2019/10/amlo-ataque-prensa-cobertura-operativo-fallido-culiacan/) y las supuestas evidencias en video de la emisión de voto doble del senador Monreal para la elección de la nueva presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por su siglas (https://politico.mx/minuta-politica/minuta-politica-congreso/pan-acusa-con-video-monreal-de-hacer-fraude-con-voto-doble-para-cndh/). En ambos casos, el debate enriquecedor para toda democracia no se hizo esperar. Las redes agilizaron el intercambio. Unos a favor otros en contra. Tendencias a modo y tendencias inmisericordes. Aduladores y críticos, opiniones acertadas y locuacidades pasionales. Las fake news y las verificaciones, los bots y los twitteros auténticos. Un legítimo laboratorio democrático que va robusteciendo su edificio.

Así es la nueva democracia. Una lucha constante en redes sociales a la que nos debemos de acoplar los politólogos, los juristas, los políticos, los actores sociales y demás fauna interesada en la cosa pública. Suprimir su gran poder de interacción es atentar contra la misma democracia. Al contrario, se debe de estimular cada día más. La libertad que dan las redes sociales la debemos preservar. La regulación, los candados y la cancelación tienen que encaminarse puramente a contenidos raciales, xenófobos y de clase.  Mientras el descontento sea político y justificado el espacio ideal serán las plataformas sociales. Todo aquel que busque desconectarse permanecerá rezagado en su isla ermitaña.

La democracia ha cambiado. Las redes sociales la conducen a su fortalecimiento. No son enemigas de nadie. son un instrumento que sirve como ya se vio para impulsar movimientos como las primaveras árabes que tiraron las dictaduras. También para campañas brutales de marketing político. No es lo mismo Macron en twitter que Donald Trump, pero ambos tienen el derecho de teclear 280 caracteres para dar aviso de una situación o mostrar su punto de vista acerca de un acontecimiento. Las repúblicas se tienen que multiplicar y nosotros sus príncipes velar por su conservación. La democracia ha cambiado.

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