Nuevos aires en América Latina

El pasado primero de julio del 2018 Andrés Manuel López Obrador era electo, con el 53% de los votos, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, dando inicio al primer gobierno de izquierdas del Siglo XXI en México. Pocos dimensionamos en ese momento lo que el triunfo de Andrés Manuel significaba para el resto de América Latina ¿y quién podría culparnos? Habíamos crecido viendo como México le daba la espalda al Cono Sur para mirar hacia el norte, por lo que la importancia que tiene nuestro país a nivel regional era algo que solamente podíamos ver cuando mirábamos al pasado. Pero a diferencia de lo que creíamos y en palabras de Alberto Fernández, Presidente Electo de Argentina, «México fue primera bocanada de aire fresco para la América».

Meses más tarde, en enero de este año, se llevaría a cabo en la Ciudad de México el Foro «América Latina y las izquierdas en el nuevo escenario internacional». En este encuentro participaron figuras como Manuel Zelaya, ex presidente de Honduras, Pablo Vilas, Secretario de Política Internacional de La Cámpora, Ricardo Patiño, ex canciller de Ecuador, Alejandro Navarro, Senador chileno, José Crespo, Embajador de Bolivia en México, entre otros. Y en dicha ocasión hubo una idea rescatada por todos los participantes, el triunfo de México significaba mucho para nuestra región. Fue en este evento donde muchos nos dimos cuenta de que era cierto, los gobiernos de la ola progresista que llegaron a la región en los primeros años del siglo estaban en su mayoría derrotados, solamente Bolivia y Uruguay se mantenían firmes, por lo que la victoria de Andrés realmente había revitalizado las esperanzas de nuestros hermanos sudamericanos.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Durante los primeros años del Siglo XX se vivió en Sudamérica la llegada de distintos gobiernos de izquierda en América Látina. Nombres como Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (2011-2016) en Brasil, Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015) en Argentina, Tabaré Vázquez (2005-2010 y 2015-Actualidad) y José Mujica (2010-2015) en Uruguay, Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) en Chile, Evo Morales (2006-Actualidad) en Bolivia, Rafael Correa (2007-2017) en Ecuador, y Fernando Lugo (2008-2012) en Paraguay, formaron parte de esta oleada progresista, la cual se unió al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela para formar un bloque regional de gobiernos de izquierda.

Fue en este periodo que los países sudamericanos vivieron un periodo de desarrollo y crecimiento. Millones de latinoamericanos salieron de la pobreza gracias a los programas sociales, se fortaleció la educación pública y se consiguieron tratos mas favorables para estas naciones con algunas transnacionales, pues el objetivo de estos gobiernos era, de acuerdo al ex presidente ecuatoriano Rafel Correa, «crear sociedades con mercado, no sociedades de mercado». A la par de esto se potenciaron los esfuerzos de integración a nivel regional, cuyo resultado más tangible fue la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organismo que llegó a tener como miembros a los 11 países sudamericanos, aunque actualmente sus únicos miembros son Bolivia, Uruguay, Venezuela, Guyana y Surinam.

Mas no todo fue miel sobre hojuelas durante estos años, pues naturalmente estos gobiernos tuvieron también varios errores. Los principales errores o descalabros de estos gobiernos fueron los escándalos de corrupción de algunos de sus miembros, la dependencia económica de las exportaciones de algunas materias primas como el petróleo y la incapacidad de sus líderes para pasar la estafeta a nuevas caras, lo que desgastó tanto a los propios líderes como a los mismo partidos que los respaldan.

El romance izquierda-Sudamérica acabó a mediados de esta década. En Brasil Dilma Rousseff fue depuesta por el Congreso, luego de verse envuelta en supuestos escándalos de corrupción, y en su lugar quedó Michel Temer, quién fungía como su vicepresidente, para luego dar paso a la llegada del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro. Mientras que en Ecuador, si bien es cierto que el ganador de las elecciones de 2017 fue Lenín Moreno, vicepresidente de Correa, este ha dado un giro radical y lo que parecía la continuación del proyecto correísta ha derivado en un gobierno afín a los intereses de los Estados Unidos en la región. Por su parte, en Argentina y Chile las derrotas del Partido Justicialista y el Partido Socialista respectivamente, permitieron la llegada de Mauricio Macri en Argentina y Sebastián Piñera en Chile, frenándose, mas no terminándose, el sueño progresista en el Cono Sur del continente.

2019, año clave

Si bien podemos hablar de que el triunfo de MORENA y la llegada de Andrés Manuel al gobierno en México en 2018 reavivaron la llama de la esperanza al sur del continente, poco o nada ha tenido que ver este evento en el desarrollo de los movimientos que han surgido en América del Sur durante este año, especialmente al final del mismo. Por esto mismo considero más correcto calificar a nuestro país únicamente como la luz que alumbró el camino y no como el faro que guía. Como lo dijo nuestro Presidente, cada pueblo debe llevar su propio proceso pues si bien existen similitudes, cada país tiene condiciones económicas y sociales propias.

El panorama ha cambiado radicalmente en los 11 meses que llevamos de este año. En enero veíamos a Bolsonaro asumir el poder en Brasil, a Piñera fuerte en Chile y a Macri confiado de poder lograr la reelección en Argentina. Por el contrario hoy vemos a Bolsonaro como uno de los presidentes con peor aprobación en su primer año de mandato y con una derrota importante tras la liberación de Lula, a Piñera incapaz de manejar un Chile que arde en todas sus ciudades y a Macri derrotado por la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández en las recientes elecciones. A la par, en los países que mantienen gobiernos de izquierda, Daniel Martínez se perfila como ganador de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Uruguay y Evo Morales resultó vencedor, con mucha polémica tras un supuesto fraude, del proceso electoral en Bolivia.

Los factores mencionados anteriormente abren la puerta a pensar en una nueva oleada de gobiernos progresistas en Latinoamérica, y todo parece indicar que así será. Las nuevas fuerzas o personajes de izquierda tienen la tarea de estudiar la primera ola de gobiernos progresistas para así lograr identificar aciertos y errores de los mismos, para así repetir lo que se hizo bien y corregir los desaciertos.

Reflexiones finales

Latinoamérica pide a gritos un cambio, debemos de dejar atrás la imagen de «el continente de las desigualdades» y para ello los partidos de izquierda de la región deben de tomarse en serio su papel como representantes de las fuerzas populares y trabajar en beneficio de los que menos tienen. Habremos también de retomar los esfuerzos por lograr la integración regional al mismo tiempo que nos alejamos del puño norteamericano, por lo que el papel de México al frente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2020 será fundamental.

Hoy América Latina resiste y muestra su rechazo al neoliberalismo y a la muy marcada desigualdad social en la región. Hoy el Cono Sur se ha puesto de pie después del triunfo de Alberto Fernández en Argentina y de la liberación de Lula en Brasil. Hay que soñar no sólo que un nuevo México es posible, sino que una nueva América Latina también lo es y esa posibilidad está en nuestras manos. Nosotros como jóvenes tenemos el deber de tomar en serio nuestro papel como la conciencia crítica de la sociedad y responder adecuadamente a este llamado que nos hace la historia. Dejemos de pensar bajo esquemas importados y comencemos a pensar y encontrar respuestas desde nuestra propia experiencia latinoamericana.