Felipe Calderón: Radiografía de un miserable

Felipe de Jesús Calderón Hinojosa nació el 18 de agosto de 1962 en Morelia, Michoacán. El menor de cinco hermanos fruto del matrimonio entre Carmen Hinojosa de Calderón y Luis Calderón Vega.

Es abogado egresado de la prestigiosa Escuela Libre de Derecho, cursó la maestría en Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y la maestría en Administración Pública por la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.

Su carrera política se dio en el conservador Partido Acción Nacional (PAN), con el cual fue candidato a la gubernatura en Michoacán en el año de 1995; entre 1996 y 1999 fue presidente del partido blanquiazul; también se desempeñó como representante en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y fue diputado federal en dos ocasiones.

En el año 2003, fue director del Banco Nacional de Obras (Banobras) y posteriormente el entonces presidente Vicente Fox lo nombró secretario de Energía para renunciar un año después, luego de ser amonestado por «actos proselitistas rumbo a la Presidencia de la República» (http://bit.ly/2JYUT0O).

Pero a pesar de las diferencias con el presidente Fox, este le habría apoyado para llegar a la Presidencia de la República en 2006, logrando la permanencia del PAN en Los Pinos, y de paso, evitando la victoria de la izquierda, quien postuló en aquel año al hoy presidente, Andrés Manuel López Obrador. Un dictamen del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación determinó que el presidente Fox intervino durante el proceso electoral, emitiendo declaraciones ante la opinión pública y los medios de comunicación, en contra de López Obrador, situación que, a consideración del tribunal, terminaría  beneficiando a la candidatura de Calderón (http://bit.ly/2Q4LQPN)… aunque no tanto, pues los resultados oficiales le concedieron una cuestionada victoria por un reducido margen de apenas 0.58%.

Ante las acusaciones de fraude, y la movilización subsecuente, convocada por el obradorismo (https://bit.ly/32BDfGO) —la cual llegó al punto de impedir que la toma de protesta se realizara con normalidad (https://bit.ly/2Q8RDnt)— la nueva administración calderonista entraba con una crisis de legitimidad, por lo que habría decidido que el siguiente paso era sacar a las Fuerzas Armadas a las calles y declarar la guerra a los cárteles del narcotráfico. Lo demás es historia…

«Su relativa respetabilidad se ha ido diluyendo conforme aparecen día con día cifras sobre personas desaparecidas, asesinadas, secuestradas, mutiladas, disueltas en ácido, tanto en su sexenio como en éste (el de Enrique Peña Nieto, el artículo fue escrito en 2017), producto de la guerra que decidió declararle al narco y a las bandas del crimen organizado sin una estrategia clara y bien definida, pero sí con la intención de lograr legitimidad por desempeño, y de hacer sentir a mexicanos y mexicanas el miedo que permite a un gobernante hacerse ‘indispensable’, sin importar la forma en que hubiere llegado al poder.»: Ivonne Acuña Murillo, académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (https://bit.ly/2qHqSM8)

Pero más allá de las aterradoras cifras, el sexenio de Felipe Calderón nos dejó nombres e historias que han de quedar marcadas en la memoria colectiva. Una de ellas es la de Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado de excelencia del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, mejor conocido como Tecnológico de Monterrey, una de las mejores universidades del país, quienes en 2010 perdieron la vida en medio de un tiroteo al interior del campus al que asistían y en el que participaron elementos del Ejército mexicano. Ante esto, los militares alteraron la escena de los hechos para que pareciera que habían abatido sicarios de los que dijeron, se encontraban «armados hasta los dientes».

Hacer eso no debió ser difícil, pues desde hace décadas, al Estado mexicano, y a muchos otros, se les ha hecho costumbre criminalizar a los estudiantes, pero generalmente se daba cuando estos participaban en movilizaciones sociales. Aquí fue distinto, ellos estaban en su escuela, el último lugar en el que quisiéramos ver a un militar, pero el fuego cruzado los alcanzó (http://bit.ly/34Ji8DZ).

«La madrugada del 19 de marzo de 2010, Jorge Antonio estudiante de la maestría en Ciencias, y Javier Francisco, quien cursaba el doctorado en Ciencias, fueron asesinado por el Ejército Mexicano durante un tiroteo. Los militares intentaron hacerlos pasar por sicarios del crimen organizado y les ‘sembraron’ armas. El Gobierno del Presidente Felipe Calderón identificó en esa ocasión a los jóvenes como sicarios.» (http://bit.ly/32BJFpK)

El recuerdo de lo acontecido sigue vigente nueve años después, ello quedó demostrado cuando, ante el anuncio de la presencia del expresidente Calderón en un simposio internacional, a realizarse en el mismo campus donde murieron Jorge y Javier, se encendieron las alarmas, y estudiantes y usuarios de las redes sociales se pronunciaron en contra de la invitación que había sido hecho por alumnos de la carrera de derecho. El pasado 8 de octubre, Calderón envió al rector del Tec de Monterrey una carta en la que declinaba la invitación.

Mira el documental Hasta los dientes en Netflix: http://bit.ly/2K44lQC

Y a pesar de que dejó el poder en 2012, trasladándose a Estados Unidos para laborar temporalmente como profesor en la Universidad de Harvard, su sangriento legado no se fue con él. La guerra contra el narcotráfico que él inició sigue pasando factura a todas las personas que habitamos este país, pues la violencia aumenta cada día, y honestamente, no sé cuánto más podremos resistir. Sí, yo estoy convencido de que el pueblo mexicano, además de sabio, es fuerte, pero no se merece sufrir como lo hace…

«La violencia no ha sido menor que la padecida en los gobiernos inmediatos anteriores al del presidente Andrés Manuel López Obrador. Por el número de víctimas, armamento usado por los grupos criminales y su manera de operar, entre otros aspectos, se trata de un ‘conflicto armado no internacional’ que debe ser atendido como tal, advierte la Clínica de Derecho Internacional de Leiden, Holanda. Los argumentos jurídicos del reporte serán utilizados por organizaciones civiles y de derechos humanos para que la Corte Penal Internacional intervenga en México.» (Proceso 2244)

El reporte presentado por la Clínica hace mención de la intensidad de los enfrentamientos de los cárteles del narcotráfico con el Ejército o entre ellos, así como su grado de organización. En estos rubros destacaron el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Juárez, la Familia Michoacana, el Cártel de los Beltrán Leyva, los Caballeros Templarios, Los Zetas y el Cártel Jalisco Nueva Generación. De este modo, se concluyó que en México se cumple, conforme a los estándares del derecho humanitario, con las características de un conflicto armado a nivel interno, lo cual podría ameritar que tribunales internacionales puedan conocer casos derivados de la lucha contra el narcotráfico, y en su caso, sancionar a quienes resulten culpables en las investigaciones.

«Sobre el Cártel de Sinaloa, el informe asegura incluso que después de la detención del Chapo, continúa llevando a cabo operaciones contra sus rivales y contra el gobierno y ejerciendo un amplio control sobre las rutas del tráfico de drogas.»

De los siete cárteles mencionados, el de Sinaloa se ha venido destacando como el más poderoso desde hace tiempo, y el operativo fallido que tuvo lugar el pasado 17 de octubre en la capital Culiacán nos confirmó la fuerza que han adquirido (https://bit.ly/2p7bGrt).

¿Cómo llegamos a este punto?

Hubo un tiempo, muy largo, en que no se habrían tenido que enfrentar directamente con el gobierno mexicano, al haber pactado y entregado sobornos a expresidentes y sus funcionarios. Durante el juicio que enfrentó Joaquín El Chapo Guzmán en Estados Unidos, su defensa señaló que el capo había sobornado, entre otros, al expresidente Calderón y a su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, lo cual ya había sido revelado por la periodista Anabel Hernández, autora de libros como Los señores del narco y México en llamas: El legado de Calderón.

En este último, da cuenta de cómo el exmandatario destruyó al Ejército y a las instituciones de seguridad, permitiendo que fueran penetradas por el crimen organizado, al no hacer nada contra generales y mandos policiacos involucrados con el narcotráfico, a pesar de haber recibido los nombres que enlistó y le entregó personalmente el general Tomás Ángeles Dauahare, quien permaneció encarcelado injustamente hasta 2013. Esta y más información obtenida por Anabel, la llevaron a la conclusión de que «Felipe Calderón es un miserable».

Mira completa la presentación del libro México en llamas: El legado de Calderón, realizada en diciembre de 2012: http://bit.ly/2WKTTCU

Considero que el adjetivo de miserable es adecuado para alguien que juraba combatir a la delincuencia organizada mientras era sobornado. También es adecuado para alguien que, como muchos «opositores», acusa que la 4T destruye las valiosas instituciones que él mismo amedrentó en su momento para que tomaran decisiones favorables a sus intereses.

En entrevista con John Ackerman y Sabina Berman, el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, declaró haber sido objeto de presiones por parte del propio Felipe Calderón, quien en 2009 lo había propuesto para llegar al máximo tribunal del país. Estas declaraciones no eran nuevas, pero sí un secreto a voces.

En 2013, Jorge Carrasco ya había escrito para la revista Proceso que Calderón amenazó a Zaldívar y a otros ministros de la Corte a fin de que no liberaran a la ciudadana francesa Florence Cassez, acusada de pertenecer a una banda de secuestradores en nuestro país.

«No fue la primera acción de fuerza de Calderón contra Zaldívar. En junio de 2010 el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gómez-Mont, lo buscó para que cambiara su proyecto de resolución en el caso del incendio de la guardería ABC, que buscaba ampliar las responsabilidades a funcionarios federales. ‘Para eso no te pusimos’, le dijo el entonces secretario, en referencia a la propuesta de Calderón para que Zaldívar llegara a la SCJN meses antes. La versión ha sido confirmada por el propio ministro.” (http://bit.ly/326pUaj)

Y dos años antes, Salvador García Soto ya había narrado la visita del secretario Gómez-Mont al ministro Zaldívar en su columna Serpientes y escaleras, para el diario El Universal; “dice el presidente que no se te olvide quién te postuló”, le dijo Gómez-Mont, a lo que Zaldívar respondió “dile al presidente que no se le olvide que, independientemente de quien me postuló, yo trabajo para otro poder, que no es el suyo” (http://bit.ly/3175rAI).

Los nexos oscuros de Calderón incluso trascienden fronteras, pues en nombre de la cooperación internacional contra las drogas, se vio comprometida (aún más) la soberanía de nuestro país a través de un (hasta ahora) confidencial acuerdo con la CIA.

«Durante su gestión en Los Pinos, y escudándose en acuerdos firmados con Estados Unidos en el marco de la Iniciativa Mérida, aun por encima de las restricciones constitucionales y soberanas del país, Felipe Calderón otorgó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) licencia para operar libremente en México.» (http://bit.ly/2WSqWVH)

La cooperación que durante años han presumido los gobiernos estadounidenses en el combate al narcotráfico tampoco ha servido para disminuir la violencia en el país, y al contrario, ha comprometido de manera irreversible la credibilidad de las instituciones de seguridad, a las que las agencias americanas como la propia CIA, el FBI y la DEA han pasado por encima a la hora de actuar, pues pareciera que están en su casa.

«Los documentos clasificados por el gobierno mexicano (…) exponen por primera vez lo que las autoridades del país y el gobierno federal estadunidense siempre han negado: la participación de agentes de la CIA en operativos realizados en México.»

La llamada «licencia para operar» tuvo como fecha de inicio el 22 de mayo de 2007, aunque es verdad que la presencia de la CIA, y otras agencias norteamericanas en territorio nacional no son del todo nuevas.

«En las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado, en plena Guerra Fría, agentes de la CIA se dedicaron a espiar a la embajada de Cuba en México para interceptar las comunicaciones entre La Habana y Moscú. A Washington le preocupaba sobremanera que el comunismo soviético se expandiera en el hemisferio.»

Y en los conflictos geopolíticos que disputa Estados Unidos, México le ha sido perfectamente funcional, pero a cambio, nos metemos en conflictos que no nos pertenecen.

«Luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York, al Pentágono en Washington y el derribo de un avión de pasajeros en Shanksville, Pensilvania, el entonces presidente George W. Bush presionó al gobierno de México para que aceptara la presencia de sus agencias de espionaje en su territorio y les diera mayores libertades.»

«El extenso reportaje de la cadena de noticias estadounidense señala que un informante de la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA) le dijo a Univision ‘que el narcotraficante Arturo Beltrán Leyva alardeaba de que ese dinero lo había entregado a la campaña de Calderón para que, una vez en la Presidencia, hiciera el montaje de un gran golpe al narcotráfico. A cambio, esperaba que el nuevo gobierno protegiera a su organización’.» (http://bit.ly/2Nj8138)

https://youtu.be/2V-pTMY6QpQ

Pero si el oriundo de Michoacán no llegaba a Los Pinos, el dinero sería utilizado para sabotear al gobierno de López Obrador. Hoy, aunque no disponga de ese dinero, ni de una pensión vitalicia –al serle retirada por el propio AMLO–, las intenciones de quitar del poder al tabasqueño seguirían vigentes.

No en vano se le acusó de ser una «mano negra» en las protestas que protagonizaron elementos de la Policía Federal a mediados del presente año. En medio de aquella rebelión insólita, uno de los policías pidió que Felipe Calderón fungiera como representante del gremio inconforme, a pesar de no pertenecer a la corporación –eso sí, fue fundada en el sexenio de Calderón–, ofrecimiento que terminaría rechazando.

¿Felipe Calderón podría encabezar un golpe de Estado en contra de la 4T?

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