EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

Quizá la expresión que define a la “izquierda” en el poder es la maquiavélica “el fin justifica los medios”. Pues para poner en marcha el tren “transformador” el gobierno de la cuarta ha enmarcado de manera implícita en las mentes tanto de sus partidarios como de sus ejecutores, dichas palabras. El tren transformador -para ellos- demanda pactar con las figuras oscuras, lúgubres y conservadoras del antiguo régimen. Construir la utopía comunitaria, el falansterio moderno requiere de la necesidad. Nada debe de cuestionarse, todo debe de obedecerse.

Personajes como Manuel Bartlett (apparátchik del priísmo en los setentas); Alfonso Romo (empresario de extrema derecha pinochetista) y Ricardo Salinas Pliego (dueño de Tv azteca manchado por los paraísos fiscales “Panama Papers”) ya no son los corruptos que despreciaba la izquierda que hoy gobierna. Ahora son los cruzados en un “proyecto democrático” que busca el bienestar social. “Por el bien de todos primeros los pobres” la “idea transformadora” en su punto muerto.

En el mar de contradicciones que encierra al proyecto social, se ha filtrado la vorágine empresarial con miras monopolísticas. El gabinete podrá ser de corte social, “antineoliberal” pero la oficina y los brazos operadores son conservadores, capitalistas bestiales (no socialmente responsables que es lo que se esperaría) y corruptos de larga trayectoria. Si Peña Nieto protegió a Rosario Robles con la frase tristemente célebre “No te preocupes Rosario” en un futuro no muy lejano la escucharemos en la plaza pública arengado a la defensa, la loa y la lisonja. ¡Proteger a nuestros corruptos, la patria te necesita!

El maniqueísmo de diversos actores, simpatizantes del gobierno (intelectuales, políticos, twitteros, youtubers) es aterrador. El terciopelo con el que quieren que se trate al presidente, denota una sumisión que se justifica -según ellos- por el bien de México. Patetismo romántico o neto interés maximizador, estos simpatizantes reconcilian la adulación priísta al poder (ya distinguida), con el odio “radical” en contra de todo lo que no es obradorista. El resultado, una fe ciega capaz de inmolar en el pabellón al disidente: Paco Ignacio Taibo II, ante un torrente enardecido de individuos en 2014 “Ellos (extranjeros) generaron esta ley. Pero no la generaron solos, la generaron una serie de mexicanos cuyo destino final va a ser el cerro de las campanas donde serán fusilados por traidores” (https://www.youtube.com/watch?v=eDOiaAM5Ph4); Mario Delgado (coordinador de la bancada de morena en la Cámara de Diputados) también se ha imbuido del maniqueísmo transformador al expresar “….quienes piensen que saben más que AMLO se equivocan están cometiendo una traición histórica, y me refiero al momento que vive nuestro movimiento” (https://www.razon.com.mx/mexico/quienes-piensen-que-saben-mas-que-amlo-se-equivocan-mario-delgado/); John Ackerman (intelectual del gobierno) calificando como “un éxito” el fallido operativo en Culiacán para capturar a uno de los vástagos de Joaquín Guzmán Loera (https://www.jornada.com.mx/2019/10/21/opinion/021a1pol); y en últimos días la embestida twittera de “amlovers” con un chavismo de combate hacia la familia X. González (dueños de la empresa Kimberly Clark) por haber sentenciado que no invertirían en México (https://www.proceso.com.mx/604141/llaman-en-redes-a-boicotear-productos-de-kimberly-clark) y contra Julio Astillero reconocido periodista de La jornada al declarar su discrepancia con el modelo de gobierno morenista (https://www.youtube.com/watch?v=UjbjQZjvtgU). El monismo posicionado como doctrina de estado. Un solo hombre, una sola razón.

En su artículo para la revista Nexos titulado “Robespierre en el Zócalo” (https://soledadloaeza.nexos.com.mx/?p=75), Soledad Loaeza hace una similitud muy peculiar entre el líder de los jacobinos Maximilien de Robespierre y López Obrador. Entre las similitudes que enlista Loaeza destaca “El incorruptible francés y el presidente mexicano comparten el radicalismo verbal, así como la convicción”. En López Obrador, la elocuencia puesta en acción en las plazas públicas es lo que legitima su mandato, Robespierre lo hacía en la convención. Para “El incorruptible” “el fin justifica los medios” era un arma para abrirse paso en el gobierno revolucionario para López Obrador es un arma para abrir paso a su “cuarta transformación”.

De tal modo que el fin justifica los medios: la corrupción de mis partidarios será olvidada mientras el tren transformador llegue a la estación esperada, los detractores serán objeto de ataque en tanto que construyó la verdadera democracia, yo soy la razón de estado, yo soy el líder, yo sé el camino, sino estas conmigo estas en mi contra. Apología del delito (Taibo II); culto a la personalidad (Mario Delgado); deformación de la realidad (Ackerman); incertidumbre financiera (boicot contra los X. González) y violación a la libertad de expresión (ataque contra el periodista Julio Astillero) son las puntas de lanza de la renovación izquierdista.  Concluyó, sabemos muy bien que los gobernantes no son perfectos; una gran parte tratará de acrecentar de algún modo su gestión. No hay arcángeles en las sillas del poder. Pero si la cuarta transformación en verdad quiere un renacimiento de lo político es pertinente desechar el modelo de antaño donde “el fin justificaba los medios”. Si la transformación va en serio, el clientelismo y el amiguismo deben de ser enterrados junto con el regenerando maniqueísmo guinda. La democracia así lo exige.

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