OCLOCRACIA

“Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos”

Platón

Así es, OCLOCRACIA, un término que puede resultar grotesco y para algunos, ofensivo e incómodo, pero que es necesario mencionar para describir la realidad a la que nos enfrentamos día con día en nuestro país, principalmente con el gobierno que actualmente lleva las riendas de nuestro país. Este término suele disfrazarse con otro término, “democracia”, pero hay que saber distinguir una de otra, pues de no hacerlo ya, la situación de este país decaerá aún más.

La democracia es el poder de las mayorías, la voluntad general del pueblo, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se trata de llegar a un consenso en beneficio de una sociedad, tomando en cuenta la opinión de la población en general. Por otra parte, la oclocracia es la degeneración del concepto anterior pues se pondera el poder de la muchedumbre, deja de ser la voluntad general y se convierte en la voluntad de una mayoría o de “todos”. Es una forma de poder viciada y corrupta.

La oclocracia ha encontrado su mejor herramienta en sentimientos de odio y desesperanza, mismos que generan resentimiento y que a su vez, terminan por nublar la mente de la población y es un mal que destruye e invade como si de un parásito se tratara, generando en la población una mentalidad mediocre y convirtiéndolos en mendigos, en fieles seguidores que el gobierno o aquél que lo encabece, pueda utilizar en su favor, pues al ser una fuerza numerosa, consigue los objetivos para los que se les utilice.

Además, terminan por adoptar una posición de “jueces” con un discurso que únicamente ataca a quienes opinan y piensan distinto, pero principalmente, a aquellos que efectivamente, piensan y todo bajo el argumento de que esa es “la voluntad popular”. La voluntad general se conforma por las opiniones diversas y de todos los sectores de una población, la voluntad popular, por el contrario, sólo obedece a las decisiones de un sector, uno previamente aleccionado con rencor. Otro rasgo inconfundible de un gobierno que adopta la oclocracia como forma de gobierno, es que aprovecha la herramienta del resentimiento para señalar a todos los demás de sus errores u omisiones, para así, jamás tomar la responsabilidad de sus actos.



Más allá de dar una visión de lo que es la oclocracia y las diferencias que tiene con la democracia, es demostrar que el actual gobierno de nuestro país, sigue al pie de la letra esta forma de gobierno (oclocracia), atacando a quienes no piensan igual y a quienes no se someten a su ideología, educando a la población vulnerable y sembrando, cosechando o enalteciendo en muchos otros, un sentimiento negativo hacia todo aquello que resulte contrario a los designios del titular del ejecutivo, todo lo anterior basado en un falso nacionalismo. Con cada conferencia mañanera, resulta absurdo escuchar al presidente excusar todo error de su administración diciendo que es culpa de los gobiernos anteriores, evadiendo así el debate y disminuyendo la calidad de la información a un nivel vulgar y carente de sentido. Y aun cuando no está propiamente escrito como una característica de esta deformación de la democracia, considero que la incoherencia en los actos y discursos del presidente, también denotan que no estamos en una forma de gobierno correcta, pues bajo la lógica que adopta, de criticar y combatir la corrupción, sería obvio que su gabinete estuviera integrado por eminencias de la política mexicana y no por personajes como Marcelo Ebrard, Manuel Bartlett o Alfonso Durazo. Pero este en particular, es un tema que abordaré en otra ocasión.

Cualquier similitud con la realidad, no es mera coincidencia. La cuestión aquí es cambiar este pensar y no seguir dividiéndonos, debemos trabajar codo a codo, todos, sin importar nuestra condición social o bandera política, pues en nosotros los jóvenes está el cambio, el cambio verdadero y éste no se logrará si seguimos obedeciendo a la voz de un personaje que únicamente busca dividir a la sociedad entre buenos y malos, aunque después los malos formen parte de los buenos por el perdón de esa misma figura. Tenemos la obligación de hacer lo que nos corresponde, pero siempre de mejor manera, siempre en beneficio de la sociedad, dejando de lado los pensamientos mezquinos y obedeciendo a un único fin, el bienestar de nuestro México. Sólo entonces, conseguiremos construir una verdadera democracia, sólida y estable.

No olviden dejar sus comentarios y opiniones. ¡Hasta la próxima!

Autor: Raúl Aja

Facultad de Derecho. UNAM. Cuadro en formación. Sígueme en mis redes Twitter: @RalAja_PRI Instagram: @ralaja_pri Facebook: Raúl Aja

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