Pelear hasta que valga la pena vivir: Chile

2019 ha resultado ser un año bastante convulso para América Latina pues hemos sido testigos de distintas movilizaciones populares en distintos países de la región por diferentes motivos. Iniciamos el año con Nicaragua y Honduras continuando con las protestas en contra de Daniel Ortega y Juan Orlando Hernández respectivamente, fuimos testigos del momento más álgido del conflicto en Venezuela el 30 de abril, en agosto las compañeras feministas alzaron la voz ante los feminicidios en nuestro país, y cuando pensábamos que la época más convulsa del año ya había pasado, la población en Chile y Ecuador salió a las calles protestando contra las medidas económicas que habían adoptado sus gobiernos. Sin embargo tratar de analizar todos estos movimientos nos llevaría mucho tiempo y varios escritos, por lo que por esta ocasión nos centraremos en el caso chileno.

“Creyeron que nos estaríamos quietos, que seguirían determinando nuestra costumbre de aguantar en silencio. Y salimos así de nuestra penumbra doméstica y nos echamos en muchedumbre a los campos y a las calles, y colmamos las plazas, y retumbó la tierra bajo nuestros pasos, y nuestra voz se oyó hasta muy alto, decidimos y actuamos. Y nuestra acción hizo vivir el espacio total del país, y así estábamos construyéndonos.”

-Rubén Bonifaz Nuño, poeta mexicano

Breve resumen sobre las movilizaciones

A inicios de este mes el gobierno de Sebastián Piñera anuncio el aumento por $30 pesos chilenos del precio del boleto del metro de Santiago en hora punta, el cual ha pasado de $740 en febrero de 2016 a $830 después de este aumento. Esta medida generó molestia entre la población chilena por lo que distintos grupos de estudiantes decidieron evadir el pago del boleto en varias estaciones del 7 al 11 de octubre. El movimiento tuvo buena aceptación entre la población y para la semana siguiente se acordó seguir llevando este tipo de acciones al mismo tiempo que se boicotearon algunas estaciones, esto último generó que las manifestaciones comenzaran a ser reprimidas por los carabineros.

Para el 19 de octubre Sebastián Piñera anunciaría que Chile estaba en guerra contra un enemigo muy poderoso, decretando el Estado de emergencia en 9 de las provincias chilenas y, por la noche de ese mismo día, el toque de queda, por primera vez desde el regreso de la democracia a Chile en 1990, en las regiones Metropolitana y Concepción, dicha medida se ampliaría en los siguientes días a 34 de las 57 provincias de Chile. Ante esta medida el pueblo chileno inundó las calles y desafió con cacerolazos el toque de queda, la represión aumento y así lo hizo también el número de personas que salió a las calles a defender la dignidad y la libertad.

Ante el aumento del número de personas que salían a las calles, Piñera anunció la suspensión del aumento al precio del metro y posteriormente pidió a sus ministros que presentaran su renuncia para poder así formar un nuevo gabinete. Pero la moneda ya estaba echada y después de 19 muertos, casi 2,000 heridos y cerca de 500 heridos, al menos eso es lo que reportan números oficiales, el pueblo chileno tiene en claro que sus dos principales exigencias son la renuncia del Presidente y una nueva Constitución y que no piensa aceptar algo distinto a estos dos puntos.

Las razones más allá del metro

Ahora bien, resulta absurdo pensar que las protestas en Chile han sido detonadas únicamente por el aumento al metro, la realidad es que este aumento tan solo ha sido la gota que desbordó el vaso. Para entender de mejor manera la rabia que ha dejado ver el pueblo chileno hay que tomar en cuenta varios puntos sumamente importantes, de los cuales el primero y punto fundamental para entender la situación actual de Chile, es la propia Constitución chilena. Y es que la Constitución vigente (1980) data de la época de la Dictadura Militar encabezada por el asesino Augusto Pinochet, por lo que su legitimidad como Constitución Política de un país democrático ha sido cuestionada más de una vez, lo que ha desembocado en el llamado a la redacción de una nueva Constitución a los nuevos tiempos que busca la población chilena.

Otro punto es el nivel de desigualdad en Chile, y es que si bien Chile siempre es usado como ejemplo de una economía estable y del éxito del modelo económico neoliberal, el cual se introdujo en el país durante el periodo de la Dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), la realidad es que en el país de la Estrella Solitaria el 1% de la población es 40 veces más rico que el 81% de la población, así mismo mientras que la población más rica, grupo al que pertenece una buena parte de la clase política chilena, tiene ingresos superiores a sus similares de Suiza, el 65% de los hogares registra un ingreso mensual por persona de $291,000 pesos chilenos, cerca de $7,600 pesos mexicanos, lo cual nos parecería una cantidad adecuada, sin embargo hay que tomar en cuenta que de acuerdo a datos del portal Numbeo, solamente los servicios de agua, calefacción, electricidad e internet tienen en promedio un costo mensual de $76,630 pesos chilenos, mientras que en un mes de transporte un trabajador gasta cerca de $39,500 pesos chilenos.

De la mano del punto anterior va el tema de las condiciones laborales, del cual destacan tanto el alto número de horas laborables por semana, 45 horas, que contrasta con los precarios salarios que reciben los trabajadores que mencionábamos en el punto anterior. Además de los bajos salarios, otro tema clave es el sistema de pensiones chileno, el cual sirvió como base para las AFORE que conocemos en México, el cual ha sido duramente criticado ya que dejan ganancias millonarias a quienes administran las AFP pero el pago para los jubilados a penas y alcanza los $145,400 pesos chilenos, aunque decir que todos los jubilados chilenos reciben pensiones tan míseras sería mentir pues hay dos grupos de jubilados cuyas pensiones funcionan de manera distinta y son considerablemente más elevadas, estos dos grupos son los militares y policías.

Finalmente se encuentra el alto costo de la educación, ya que en promedio una carrera universitaria cuesta $16,242,257 de pesos chilenos, algo que sería similar a $426,000 pesos mexicanos, esto ha dado como resultado 5 millones de personas que no cuentan con escolaridad completa, de los cuales aproximadamente 2 millones son personas entre 18 y 45 años, un número bastante considerable si tomamos en cuenta que la población total de Chile se encuentra ligeramente por encima de los 19 millones. Cabe resaltar que la educación pública, cuya administración está en manos de los principales gremios empresariales del país, es considerada como una de las peores de Sudamérica y una de las más caras del mundo.

Reflexiones finales

A pesar de lo que digan personajes como Gloria Álvarez, Agustín Laje o Luis Almagro, quienes ven en las protestas que se han venido dando tanto en Chile como en Ecuador una clara injerencia de “las dictaduras bolivariana y cubana”, la realidad es que ambos movimientos encuentran su explicación en la profunda desigualdad en América Latina. Esto se junta con las medidas económicas que por recomendación del Fondo Monetario Internacional han aplicado varios países de la región, las cuales han traído consecuencias negativas en los sectores más desfavorecidos y vulnerables de la población, quienes ven como empresarios y políticos se enriquecen mientras ellos a duras penas tienen para comer.

Es difícil decir si las protestas en Ecuador influenciaron al pueblo chileno o si simplemente se tratan de dos movimientos muy similares que coincidieron en tiempo. Lo que sí se puede decir es que América Latina ha despertado, tiembla por todos lados y las voces de sus hijos retumban por sus calles, campos y sierras. Ecuador y Chile han iluminado el camino, es momento de demostrar que la época de los cambios radicales aún no ha llegado a su fin, es hora de que nuestra generación responda al llamado que le hace la historia en estos momentos, es hora de que el “continente de las desigualdades” sea aquel en donde se le de la estocada final a un modelo económico que ha devastado nuestros países y a nuestra gente en beneficio de unos pocos. Es hora de que, como decía el político argentino Manuel Ugarte, nuestra América deje de ser rica para los demás y pobre para sí misma.

Autor: Josafat Arrieta

Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad La Salle con interés en temas políticos y sociales en América Latina, Asia Occidental y África. Sígueme en Twitter: @Josafat_AD