NUESTRA HIPOCRESÍA II: EXIGIR EL CAMBIO

El recurrente grito que muchos ciudadanos en nuestro país hacen, está referido a la necesidad de cambiar las circunstancias de facto, de pensamiento o de tolerancia. Hay una constante incomodidad por las condiciones en las que muchos mexicanos viven; ya sea por su precaria remuneración económica, por la discriminación o maltrato que a diario padecen, o por el dolor que les produce ciertas decisiones gubernamentales. Surge una frustración que es imperativo eliminar.

Para la mayoría de nosotros, la frustración e incomodidad se eliminan, sí; recurriendo a quejas, a debates acalorados entre amigos y familiares, a manifestaciones de desaprobación por medio de redes sociales, o a un simple voto en una casilla electoral. Mientras en otros frentes, diferentes humanos se convierten en activistas, en “provocadores”, en personas que buscan hacer un cambio real, que no esperan a que un representante decida hacer algo por ellos o por su comunidad. Y a pesar de que ellos intenten motivar el cambio, la “mayoría” tiende a desacreditarlos.

Es decir: exigimos cambios, pero lo único que hacemos para lograrlos es mover un par de dedos y si alguien más osa recurrir a un medio diferente, lo descalificamos e incluso llegamos a agredirlo. No nos parece que sean formas. Y esto no sólo se refleja en un vano pensamiento sino en hechos, y lo peor, en hechos violentos.

Bernardino García, José Santiago Gómez, Samir Flores, Estelina López, Miguel Ángel Medina Y Leonel Díaz son algunos de estos promotores y activistas que buscaban generar un cambio, y que al tocar fibras sensibles o al incomodar a la “mayoría” padecieron y ulteriormente fueron asesinados. Ellos representan a una pequeña cantidad en relación a todos los mexicanos que luchan sus propias batallas y que son víctimas de las mismas, que son desaparecidos por buscar un cambio y por buscarlo de verdad.

Samir, Estelina y José Santiago lucharon por los derechos de sus comunidades, por evitar el ultraje a sus territorios y por el respeto a la integridad de su entorno ambiental y social. Bernardino García fomentó los derechos humanos en el estado de Oaxaca, y Miguel Ángel promovió la tolerancia a la comunidad LGBTTI en Veracruz. Todos y cada uno de ellos realizaron su labor de forma no convencional, e igualmente, todos y cada uno de ellos están muertos.

Los Mexicanos poseemos muchas máscaras con las evadimos nuestras realidades; y una de ellas es la hipocresía; esa máscara que nos ponemos para exigir que las cosas dejen de ser como son porque nos incomodan; es misma máscara que usamos para desacreditar e ignorar la labor de los activistas que sí están haciendo algo para transformar su realidad.

En memoria de Miguel Ángel Medina, estudiante de

Autor: Aarón H. Ortiz

Estudiante de la facultad de derecho de la UNAM . Realista declarado. Interesado en las artes y los movimientos sociales. No me reduzco a la izquierda o la derecha.