A 5 años de Ayotzinapa

“Discúlpenos por no estar ahí con ustedes en los tiempos que creíamos estaba todo bien y no podíamos ver a través del terror. Se han ido, se los llevaron; ni siquiera pudieron despedirse. Se los llevaron dejando algo de ustedes, paradoja con sentido de lamento.”: Emmanuel Robles (http://bit.ly/2ldp5MF)

Se cumplen cinco años del día en que estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” fueron interceptados por policías de los tres órdenes de gobierno –federal, local y municipal– y elementos del Ejército, y no se volvió a saber de ellos. Los jóvenes se dirigían a la Ciudad de México para conmemorar la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.

Es curioso, y a la vez decepcionante, cómo la historia se repite en esencia. Gustavo Díaz Ordaz, presidente emanado del Partido Revolucionario Institucional, no toleró que los estudiantes, inspirados en otros movimientos que tenían lugar en países como Francia, le exigieran más libertad, y no se tocó el corazón cuando le ordenó al Batallón Olimpia que fueran cobardemente asesinados; eso sí, con su sangre removida a tiempo para la inauguración de los Juegos Olímpicos a celebrarse en la Ciudad de México. Casi medio siglo después, la pauta de indiferencia marcada desde Palacio Nacional por el también priísta Enrique Peña Nieto –quien hoy tiene que disfrazarse para no ser increpado por quienes no olvidamos– derivó en un auténtico narco-Estado que determinó el destino de personas que estaban destinadas a ejercer la más noble de las profesiones, la creadora de otras profesiones, la labor liberadora de enseñar.

Ellos viajaban en autobuses que habían tomado, pero no con violencia. Los estudiantes realizaban “boteos” para cubrir los gastos correspondientes como parte de un acuerdo al que llegaban con los transportistas, en el cual, además, se comprometían a no dañar las unidades y devolverlas tal  y como estaban, esto de acuerdo con declaraciones hechas en el documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga, dirigido por Enrique García Meza y coproducido por TV UNAM, el ganador del Oscar Guillermo Del Toro, Bertha Navarro y el Instituto Mexicano de Cinematografía.

Ve Ayotzinapa, el paso de la tortuga en Netflix: http://bit.ly/2noGbbf

Lo que no era parte del acuerdo, fue que en el autobús hubiera un cargamento de heroína que un importante capo no podía darse el lujo de perder. Aquí  es donde entra el término narco-Estado, porque dicho capo no envió a sus habituales sicarios a recuperar la mercancía, sino a quienes se supone que estaban en las calles para combatir el narcotráfico, ello fue documentado por la periodista Anabel Hernández:

Militares del 27 Batallón de Infantería operaron -por órdenes de un capo- para recuperar un cargamento de heroína, con valor estimado de 2 millones de dólares, el cual estaba oculto en dos autobuses tomados por los normalistas el 26 de septiembre 2014, revela el libro La verdadera noche de Iguala.” (http://bit.ly/2lSqyIy)

Hernández asegura que los jóvenes no sabían de dicho cargamento. Su investigación echa por tierra la posibilidad de vincularlos con el crimen organizado, dando entender así, que tal vez se merecían ser desaparecidos. Esa lógica es simplemente inhumana, no hay ley alguna que estipule una sanción siquiera, equivalente, a la tragedia de ser desaparecido.

Lee un fragmento del libro La verdadera noche de Iguala, de Anabel Hernández, publicado en la página de Aristegui Noticias: http://bit.ly/2lbnPtg

Es importante señalarlo, porque el gobierno de Enrique Peña Nieto, sus mediocres funcionarios, y periodistas al servicio del régimen como Ricardo Alemán (http://bit.ly/2mMO61G), optaron por criminalizar a los jóvenes. Ello contraviene el artículo 5 de la Ley General de Víctimas, el cual dispone lo siguiente:

“Ninguna autoridad o particular podrá especular públicamente sobre la pertenencia de las víctimas al crimen organizado o su vinculación con alguna actividad delictiva. La estigmatización, el prejuicio y las consideraciones de tipo subjetivo deberán evitarse.”

Dicha disposición era necesaria, pues no podíamos acostumbrarnos a ver casos como el del presidente Gustavo Díaz Ordaz, que criminalizaba el movimiento estudiantil de 1968, acusándolo sin pruebas de estar financiado por la entonces Unión Soviética; tal como se criminalizó a los miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Se criminaliza también, por parte del Estado neoliberal y sus partidarios, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (http://bit.ly/2nCjMr3); se criminaliza a las mujeres feministas que exigen el cese de la violencia de género, pero no lo hacen de la manera correcta, al no emular el ejemplar pacifismo que caracterizó la Independencia y la Revolución de nuestra amada nación (https://bit.ly/2HkMFii); tal como se criminaliza, y estigmatiza, a los estudiantes que deciden parar sus actividades para solidarizarse con causas y luchas justas.

Dirán que los estudiantes no deberían tomar autobuses ni irse a paro para protestar, sino permanecer obedientes y sumisos en sus aulas, corriendo el riesgo de aislarse de la realidad de un pueblo que está harto de las injusticias. Ese pueblo sostiene a la Universidad Nacional, que en su Ley Orgánica, su Estatuto y hasta en su vídeo institucional (http://bit.ly/2lctFKY) establece que entre sus fines está la impartición de educación superior para la formación de profesionistas, investigadores, profesores y técnicos que le sean útiles a la sociedad, así como “organizar y realizar investigaciones principalmente acerca de las condiciones y problemas nacionales”, pero en la práctica, muchos miembros de su comunidad aún se resisten a mostrar solidaridad en las legítimas causas y luchas de aquella sociedad a la que, se supone, debe aspirar a servir.

¿Dónde queda, entonces, aquello de “El pueblo a la universidad, la universidad al pueblo(http://bit.ly/2mSguza)? ¿O es muy “populista” para tu gusto?

Es una pena que la unión de la máxima casa de estudios a la exigencia de justicia en el caso Ayotzinapa, no sea generalizada, uniforme, y solo recaiga ese deber no escrito en unos cuantos. Este es un momento histórico, porque se percibe en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, voluntad política para llegar a la verdad. Se plantea la posibilidad de traer nuevamente al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), designado en 2015 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA) y que vino a México para apoyar en las investigaciones, hasta que los expertos pusieron en duda la “verdad histórica” presentada por el gobierno de Peña Nieto, lo cual no solo les valió ver su trabajo obstaculizado por las propias autoridades mexicanas, sino que fueron, previo a su salida del país, víctimas de espionaje a través del polémico malware conocido como Pegasus (https://nyti.ms/2lgB8Zs).

Hasta la noche del día de ayer, información de El Financiero confirmó la suspensión de labores en las facultades de Ciencias Políticas y Sociales, de Filosofía y Letras, de Economía, de Ciencias, de Ingeniería, de Artes y Diseño, erróneamente en la de Derecho, la Escuela Nacional de Trabajo Social, las Facultades de Estudios Superiores de Aragón, Zaragoza, Iztacala, Cuautitlán, los Colegios de Ciencias y Humanidades de Azcapotzalco, Naucalpan, Vallejo, Sur, Oriente, los planteles número 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 de la Escuela Nacional Preparatoria, todas de la UNAM, así como otros centros de estudios en la Ciudad de México y fuera de ella (http://bit.ly/2ljaGyy).

Como experiencias personales, recuerdo que era septiembre de 2017, yo cursaba mi primer semestre en la UNAM, cuando se presentó en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) el proyecto Forensic Architecture, de la Universidad de Londres, que logró recrear con precisión los hechos ocurridos aquella noche.

Conoce a detalle lo ocurrido con la reconstrucción hecha por Forensic Architecture: http://bit.ly/2mRODz7

También recuerdo que, incluso en una protesta propia, como lo fue la de hace un año, en contra de los ataques de grupos porriles, no olvidamos que nos faltan condiciones mínimas de seguridad, nos faltan nuestros derechos y… nos faltan 43.

¿Qué opinas tú?

Autor: Alfredo Ruiz

Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de Difusión Cultural del Club de Oratoria y Debate de la Facultad de Derecho. Sígueme en Twitter e Instagram: @alfredorzmz

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