¡A la chingada sus instituciones!

Colaboración con la magnífica Maritza Pérez, brillante persona, estupenda compañera estudiantil y una combatiente firme de izquierda.

En los últimos años México se ha convertido en territorio donde las mujeres tienen que luchar por vivir, en la casa con la violencia intrafamiliar, en la calle, en el transporte, al tener que soportar miradas lascivas, palabras obscenas, tocamientos sin consentimiento, y un sin fin más de situaciones repulsivas por las cuales toda mujer tiene que lidiar día a día. 

De acuerdo a la Organización Nacional de Mujeres (ONU Mujeres) en el territorio mexicano durante el 2018 se registraron 7.2 Feminicidios al día. El incremento de la violencia hacia la mujer fue brutal, pues tan solo el primer mes del 2019 se registraron 90 Feminicidios 

Se trata de casos aislados, es decir, en apariencia ninguna conexión entre las asesinadas y sus asesinos, pero de una misma víctima, la mujer; el género femenino que se ha visto no sólo objetivado y menospreciado durante años contra el que hoy día están odiando, no sólo civiles sino el propio Estado.

Ejemplo de ello es que el 3 de agosto del presente año en la delegación Azcapotzalco, cuatro elementos de policía de la Ciudad de México violaron a una menor de edad. El testimonio de la menor fue puesto en la carpeta de investigación CI-FDS/FDS-4/UI-FDS-4-01/00487/08-2019, sin embargo, el ministerio no realizó el procedimiento debido al no cumplir un examen médico  después de haber declarado la violación por parte de cuatro agentes. Cabe mencionar, que los uniformados se encuentran en calidad de “no remitidos” al proceso legal pues el gobierno de la CDMX los mantienen en indagatoria.

Bestial, asqueroso e inhumano es como se describe este acto brutal que sufrió la menor de edad, pues el lamentable acto de los policías fue el detonante de la movilización de las mujeres mexicanas que optaron por salir a las calles y exigir a las instituciones que detengan las masacres y humillaciones que viven día con día.

Así pues, en medio de las protestas y de un ambiente donde el diálogo no tenía sentido; el secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Jesús Orta, rodeado de una gran cantidad de mujeres y prensa nacional,  recibió una cantidad considerable de diamantina color rosa sobre la parte de su hombro y cabeza. Este acto fue condenado por muchas personas; pues buscan desacreditar el movimiento feminista y rebajarlo a simplezas como lo fue la sustancia rosa.

No obstante, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum, vulgarmente y sin la menor decencia criticó estos actos llamando “provocadoras” a las mujeres que acudieron a irrumpir y destruir el inmobiliario de la  PGJ-CDMX. No se puede explicar el nivel de hipocresía de la jefa de gobierno capitalino, en verdad es un asco que defienda a las instituciones que han estructurado y dictado el modelo de opresión hacia las mujeres, poniéndolas en las situaciones más perjudiciales y favoreciendo a los hombres, brindándoles privilegios y enseñanzas que se escudan en cuestiones “culturales” de nuestro país.  

Los violadores son el reflejo de nuestro sistema, son seres que oprimen, que escupen, que se burlan y le quitan a la mujer su dignidad, las toman como objetos sexuales para su auto complacimiento, delegar labores domésticos y de crianza. Todo esto es producto de la forma de cómo hacer las cosas, dígase las instituciones. En muchas de las ocasiones se disfrazan de personas liberales, de pensamiento crítico, de izquierda y férreos combatientes rojos que promueven valores anti machistas y de total apoyo a los movimientos feministas.

No se debe minimizar el movimiento feminista a simples acciones causales de la impotencia, hartazgo y frustración.  Las mujeres exigen resultados, librarse del sistema que las consume y busca sólo favorecer al género masculino. No se debe reducir ni normalizar las conductas de violadores que se esconden en un uniforme y representan a un gobierno mediocre, timorato y benévolo para ejercer la autocrítica. No queda más que aplaudir las acciones de protesta y dejar algo bien claro

 ¡A la chingada sus instituciones! 

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