¿Estancamiento?

Ayer se dio a conocer un estudio del INEGI que arroja unos porcentajes que a la gente común y corriente siempre nos ha valido un carajo. Los datos del crecimiento del PIB como el PIB mismo sólo nos ha servido para aparentar que somos sabiondos de la política en conversaciones de café Starbucks o si somos muy Chairos en el Jarocho. A menos que sea catastrófico esa cifra siempre nos da igual, pero en esta ocasión a causado muchas burlas que sólo se haya crecido .1% en este primer semestre del año. Tampoco vengo aquí a explicar lo que significa realmente, cómo funciona y cómo se realiza el estudio del INEGI porque para eso está Wikipedia y también soy un mortal bastante ignorante que no cree en esas cosas. Pero en lo que sí creo es que es una situación que se venía anunciando desde hace varios meses. Existen varios factores como la transición, evitar el endeudamiento, la economía mundial pero voy a utilizar de pretexto este mínimo crecimiento para intentar contestar a la pregunta: ¿por qué era inevitable el estancamiento del país?

Primero. La polarización. La supuesta polarización que gritan a los cuatro vientos que nos va a destruir no es más que una ilusión, por lo menos en lo que se puede referir a la gente. Porque después de ver que Andrés Manuel haya ganado con poco más del 50% del padrón electoral y su aceptación esté tocando el 70% y haya llegado a estar arriba del 80%, me parece algo sumamente estúpido y alejado de la realidad pensar que existe polarización social referente a la política. Lo que sí entiendo y veo es que existe una polarización ideológica, no de la gente contra la gente, sino del (aún) poder hegemónico que persiste en el país con lo que se pudiera llamar el pueblo.

Segundo. Esa supuesta división entre los mexicanos generó electoralmente dos bandos ,como era de esperarse, el de los conservadores y el del cambio. Lo normal en términos de contiendas políticas. La diferencia era que la historia, la crisis y la situación del país nos estaban llevando de la manita directamente a una bomba de tiempo. En pocas palabras toda la mierda que había hecho el antiguo régimen estaba a punto de acabar pero la verdadera pregunta era ¿cómo?

Cuando esto sucede hay dos opciones bastante identificables para elegir pero una misma consecuencia; el estancamiento. La diferencia va a radicar en el resultado de ese estancamiento y la forma en que se enfrentaría al estancamiento.

El estancamiento era inevitable. El cambio suponía que primero habría una proceso de aprendizaje por parte del gobierno entrante, que habría cierta desconfianza por parte del sector empresarial, que tendría que limpiar todo el cochinero que dejaron los anteriores gobiernos, que tenía que marcar sus límites y mostrar sus diferencias con los éxes, que tendría que luchar contra el poder hegemónico que hablamos antes, que tendría que demostrar que está cumpliendo lo que prometió a sus votantes y buscar generar confianza en la otra parte que no creía en él, todo esto al mismo tiempo. Es una labor titánica y es ingenuo pensar que se podría realizar cada punto con éxito, lo que deriva en un estancamiento político, económico y social.

Pero haber votado por el bando rudo conservador no hubiera evitado la misma situación. Se hubiera hecho todo lo posible por defender al antiguo régimen, costará lo que costará. Su línea de acción hubiera sido disfrazar a México de una utopía Prianista. Pero los números y sobre todo la sociedad dirían otra cosa. El problema vendría cuando toda esta ilusión y fiesta de disfraces se hubiera acabado. ¿Hacia dónde hubiéramos dirigido? ¿Hasta dónde hubiéramos llegado? No lo sé y qué bueno que no lo averiguaremos.

Pero regresando con el bando de los técnicos. El producto de su estancamiento es temporal a diferencia del de los conservadores que su estancamiento sería cada vez más complejo, prolongado y profundo con consecuencias más graves a largo plazo. El estancamiento del bando “técnico” es, por lo menos así lo ha demostrado, benéfico para el correcto funcionamiento de la estructura estatal. Su visión es la de limpiar, de reestructurar y hacer que vuelva a caminar ese reloj ya oxidado que es el gobierno con el fin de generar otra vez confianza para la inversión, en términos económicos. Esto va a dar pauta a que se pueda comenzar con una nueva ruta de nuestro país. Pero justamente esta visión de gobierno puede ser la base donde podría reposar una verdadera nueva sociedad mexicana.

Después de la situación de supuesta polarización que vivió y vive el país durante el año previo a las elecciones en niveles ideológicos, culturales y políticos es normal el estancamiento, es normal tener .1% de crecimiento (de hecho yo esperaba menos). El estancamiento hubiera llegado con los conservadores o con los del cambio. La diferencia es hacia iremos después de ese estancamiento.

Autor: León A. Sotomayor

Escritor | Facultad de Derecho UNAM | Autor del Semanario Revueltas

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