Antes de que nos maten

«Ahí, debajo de la tierra, no estás dormido, hermano compañero. Tu corazón oye brotar la primavera que, como tú, soplando irán los vientos. Ahí enterrado cara al sol, la nueva tierra cubre tu semilla, la raíz profunda se hundirá y nacerá la flor del nuevo día.“ Víctor Jara

El miedo, la incertidumbre, el enojo y una encomienda a la Virgen de Guadalupe invaden los pensamientos de la mayoría de las madres y padres de familia al despedir a su hija o hijo antes de que se marche camino a la escuela, y no es para menos, pues las y los estudiantes somos un gran objetivo delincuencial; pues la mayoría al ser dependientes de mamá y papá, jugamos un papel sentimental muy fuerte e importante que las y los agresores utilizan para sacar provecho.

La crueldad al jugar con los sentimientos de cualquier mamá y papá dejan ver la clase de personas que comparten espacios con la demás población; pueden estar en cualquier momento, pueden estar siguiéndonos, espiando nuestras rutas, aprendiendo nuestro nombre y dirección, pueden ser personas camaleónicas, seres sin sentimientos positivos y con un gran problema hacia la sociedad.  Así pues, este texto no es para difundir terror o provocar una alerta constante en la que sin querer ya vivimos. Sirve para generar un reclamo civil a las instituciones y hacerles ver que no hay un mesías ni una solución aún para combatir un problema de inseguridad tan grave como el que vive México.

Las cifras son espeluznantes, el miedo va en aumento y pareciera que estas vacaciones de fin de semestre son un alivio para las y los estudiantes, pues la mayoría  no sentimos seguridad estando lejos del hogar, y no por una actitud pueril sino por todo lo que se ve, se escucha y muchas veces se sufre en primera persona. Estamos inconformes con que se hable de un Estado de derecho, que las instituciones nos traten como un número más de expedientes y que la inseguridad se instaure dentro y fuera de las escuelas.

En la misma línea, la mayoría de alumnas y alumnos hemos sido testigos de la venta de droga, de las extorsiones, de los acosos, de las revueltas porriles, amenazas de personas ajenas a las escuelas y peor aún, hemos visto la incompetencia de los cuerpos de seguridad y de la burocracia mexicana. Nos sentimos privados de libertad, arrollados a un extremo en el que cualquier persona puede hacernos daño y privarnos de volver a ver a nuestros familiares.

Hace años que hemos presenciado desapariciones, injustas muertes y nula responsabilidad. México ha sufrido de esto durante varios sexenios, y es justo esa cuestión a la que debemos hacer mención. Entender que no existe un salvador de las y los mexicanos, que la inoperancia del Estado seguirá a pesar de los buenos intentos, que las denuncias por desaparición forzada, política o de la manera que sea se seguirán guardando en el archivero más grande y más recóndito para que no generen escándalo. El camino para un México que cumpla con las enmiendas básicas del Estado de derecho se está haciendo, no cabe duda, pero no hay que conformarnos ni pensar que hemos llegado al éxito en lo social y lo político porque sabemos que no es verdad.

No importa si fue con Zedillo, Fox, Calderón, Peña u Obrador. Lo que preocupa es el hecho de que el presidente y  las instituciones han sido rebasados por diferentes cuestiones, por actos corruptos, por inoperancia, por ineptitud, por miedo, por injerencia del crimen organizado, por una cúpula gubernamental que decide lo que se publica o lo que sale a la luz. La trillada frase de “Quieren un pueblo desinformado”  sigue en nuestros días y sin que se le pueda ver un fin.

Es una cuestión muy difícil ser estudiante, sabemos que la delincuencia no distingue de ideologías pero que pueden existir odios muy marcados en la sociedad mexicana que también han provocado la desaparición y muerte de muchas y muchos estudiantes; ante esto, podemos constatar que el asumirse de izquierda es peligroso, si perteneces a la comunidad LGBTTTIQA+ ni se diga y si eres mujer la tienes aún peor con todas las porquerías que sufren día con día.

Finalmente, no debemos dejar de presionar al gobierno de Claudia Sheinbaum y claramente al del presidente Andrés Manuel López Obrador. Debemos exigir mejoras en todo momento, las leyes son el producto de los usos y costumbres, ante esto debemos estar en constante unión y no quitarle responsabilidades al gobierno de MORENA, somos estudiantes que lucharemos por transformar al país y deben saber que no permitiremos ni queremos ser un expediente más.

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