Entre soldados y huachicoleros

¿»Abrazos, no balazos» o «Abrazos no, balazos»?

Esta semana concluye como comenzó: Polémica. Por un lado, la lucha emprendida por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador contra los huachicoleros cuyos primeros resultados no hacen más que demostrar la complicidad de gobiernos anteriores que entregaron la riqueza de la nación a los delincuentes (incluidos los «de cuello blanco) y cuya forma de operar se puede entender de manera clara gracias a los trabajos periodísticas como el de Ana Lilia Pérez en sus reconocido libros:
Pemex RIP, El Cártel negro y Camisas Azules, Manos Negras.

Como consecuencia de esta campaña, en algunos puntos del país, la compra excesiva de combustible por parte de conductores que acuden a las gasolineras por miedo a un desabasto ha provocado que sea vean en redes sociales fotografías o videos de las largas filas que tienen que sufrir los ciudadanos para poder abastecerse. Cabe resaltar que esto ha sido aprovechado por lo que queda de la oposición (principalmente el PAN) para acusar al gobierno morenista de un paralelismo claro respecto al gobierno venezolano encabezado por Nicolás Maduro. Desde algunos actores de la derecha, principalmente en redes se ha tratado de difundir algunas «pruebas» de que el desabasto ha afectado comercios o centros de autoservicios y que la escasez de alimentos empieza a notarse. Más allá de estas escaramuzas opositoras, lo cierto es, para la opinión general de la ciudadana, que la forma y fondo de la lucha de Andrés Manuel López Obrador es la correcta. Basta con ver las encuestas emitidas por el diario Reforma donde un alto porcentaje de personas dice estar de acuerdo con el presidente.

La lucha contra los huachicoleros ha significado para Andrés Manuel una reafirmación popular de poder, que si bien no la necesitaba, sirve para demostrar que la ciudadanía ve con buenos ojos estos intentos de cambio. Y seguirán siendo intentos hasta que las grandes cabezas que tejieron toda una red complicidad, impunidad y corrupción caigan. No se trata de montar «shows mediáticos» o la caída de «chivos expiatorios» sino de desmontar de raíz el gran problema que ha dejado a la «empresa más grande del país» en la absoluta quiebra.

Por otro lado y recién salida de la Cámara de Diputados, tenemos la aprobación de la polémica Guardia Nacional. Vista por muchos como una continuidad a la Guerra iniciada por Felipe Calderón, diversas voces han expresado su absoluto rechazo a esta medida. Bajo el argumento de que la militarización del país no ha traído más que caos y violencia, estas voces han puesto al gobierno del presidente Obrador ante su primera gran prueba.

La seguridad del país fue tema central de las pasada elecciones; cansados de tanto derramamiento de sangre, muchos vieron en Andrés Manuel una salida o alternativa a la propuesta sangrienta de gobiernos panistas y priistas que, lejos de disminuir el crimen organizado, lo protegieron y fomentaron (basta con leer las declaraciones que se han emitido en el ya famoso juicio al Chapo Guzmán para entender la gravedad del asunto).

Ahora que pasará a la Cámara de Senadores, el fantasma de militarización total del país recorre los rincones de México. La base del obradorismo sostiene que, a diferencia de los antecesores ocupantes de la banda presidencial, en esta ocasión existe un dirigente patriota y leal que jamás utilizará a las fuerzas armadas para reprimir al pueblo. Lo cierto es que, a pesar del discurso, la realidad que enfrenta el país es otra. Numerosos casos se pueden encontrar donde las fuerzas del Estado reprimieron y usaron las armas contra población civil. Otro punto que vale pena reflexionar fue el apoyo que el Partido Revolucionario Institucional mostró a Morena para la aprobación de la Guardia Nacional ¿Qué espera el PRI de todo esto?

Sin duda alguna, el gobierno de la Cuarta Transformación enfrenta retos muy grandes con apenas unos días de arranque y el éxito o fracaso de estos dos proyectos definirá su lugar en la historia.

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