“¿Quién manda aquí?”

Luego de la esperada cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco, Andrés Manuel López Obrador difundió el pasado 30 de octubre, a través de sus redes sociales, un vídeo en el que pide a los ciudadanos “unirse contra la corrupción”:

“Ahora puedo decirlo, durante la consulta no podía yo hablar porque tenía que actuar con imparcialidad, pero en el fondo lo que estaba de por medio en la construcción del aeropuerto de Texcoco es el quedarse con los terrenos del actual aeropuerto, llegué a ver hasta el anteproyecto, ya tenían pensado hacer una especie de Santa Fe en las 600 hectáreas del actual aeropuerto. Entonces, yo entiendo que estén molestos, porque ya no van a poder hacer ese negocio.”

 

—Andrés Manuel López Obrador

En el vídeo es posible ver un libro titulado ¿Quién manda aquí? La crisis global de la democracia representativa, escrito por Felipe González, Gerson Damiani y José Fernández-Albertos. Si bien se trata de una obra española que aborda el tema de la denominada democracia representativa, la pregunta por sí misma es cada vez más necesaria en nuestra presunta democracia, efectivamente polarizada, ¿quién manda aquí (en México)?

El presidente electo admitió en parte que la decisión de cancelar el megaproyecto en Texcoco ya estaba tomada. Esto no es malo, después de todo resulta indefendible, pero no me creas a mí, sino al “Preestudio de factibilidad ambiental de sitios para el desarrollo del sistema aeroportuario”, realizado en 1995 con la participación del Instituto de Ingeniería de la UNAM y rescatado en 2002 por la revista Proceso (sí, la misma revista que López Obrador calificó como “sensacionalista” y “amarillista”, https://bit.ly/2SPz9Yi):

“En ese año, la universidad concluyó que, de seis opciones posibles, Texcoco era el peor sitio, ya que presentaría el mayor número de impactos “adversos significativos” para el entorno del valle de México El mejor lugar, apuntó, es Tizayuca, Hidalgo” (https://bit.ly/2P17a9P)

Y no es el único aporte de la UNAM a este intenso debate, pues también se sumó el doctor César Nava Escudero, del Instituto de Investigaciones Jurídicas (https://bit.ly/2Qne85i):

“Con la construcción del nuevo aeropuerto, el Estado mexicano incurre en el incumplimiento de diversas obligaciones generales consagradas en tratados y otros instrumentos internacionales, así como la violación de diversos artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (…)

 

Hay exclusión y discriminación de campesinos y habitantes del lugar, y evidencia la consolidación de intereses privados por encima de los intereses públicos. El cuidado del ambiente es un asunto de interés público, y por mandato constitucional, éste debe prevalecer consecuentemente. (…)”

Intereses privados, ahí está la clave. Para entender quién manda en México, se deben conocer los intereses —ya no tan ocultos— de los poderes fácticos, aquellos que el doctor Jorge Moreno Collado define en la obra colectiva Sociología General y Jurídica como “aquellos que disputan al Estado el monopolio de la fuerza física legitimada, pero son grupos o fuerzas que actúan al margen de la ley y del derecho, aun cuando tengan la capacidad de dictar sus propios códigos de comportamiento, o imponer ‘su ley’ en comunidades o regiones” (p. 199). Son ellos quiénes toman las grandes decisiones.

Imagen: Facultad de Derecho de la UNAM, Editorial Porrúa (https://bit.ly/2qKBpTK)

El periodista y productor Epigmenio Ibarra también profundizó acerca de los poderes fácticos en México, con énfasis en el poder económico y las televisoras en la nómina de Los Pinos. Describió su grado de responsabilidad en la crisis económica, social y humanitaria del país, así como la relación del próximo presidente con éstos, en un artículo publicado el pasado viernes 2 de noviembre con el título “López Obrador y los poderes fácticos”:

“Uno de estos grandes males que aquejan a la nación –quizás el mayor de ellos- es la corrupción, que se ha agudizado en los últimos 30 años debido fundamentalmente a lo que fue primero un amasiato perverso entre los poderes fácticos y la Presidencia de la República y después una franca subordinación del poder político al poder económico. Nada más dañino para un país que el hecho de que el gobierno se conciba sólo como una oportunidad de hacer negocios, el erario como una bolsa abierta destinada a repartirse entre unos pocos y la obra pública como el botín que toca repartirse sexenalmente.” (https://bit.ly/2AIh3QW)

El destacado académico de la UNAM, el doctor John Ackerman, se ha encargado de evidenciar la desigualdad generada a raíz de una economía neoliberal en la que el éxito como empresario, no se consigue mediante la innovación, el esfuerzo o la honestidad. En México, los empresarios más “exitosos” han construido imperios y acumulado fortunas mediante la manipulación del poder público.

“Tener dinero no es pecado y no es necesario expropiarle a nadie. Pero sí es urgente cortar el cordón umbilical entre el Estado y los grandes empresarios para abrir paso a la libre competencia y la democracia.

 

Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres, Claudio X. González. Sus enormes fortunas son resultado de sus esfuerzos, sí, pero también de sus amistades y de sus acuerdos no siempre tan pulcros con el poder.”

 

—John M. Ackerman en Russia Today

Sus declaraciones pueden verse complementadas con un reportaje especial de Proceso, en el que se dan a conocer, igualmente, los nombres de éstos empresarios, que además se agremian para ejercer la debida presión/manipulación de quienes (se supone) nos gobiernan.

Dicho reportaje se titula “La élite del poder, colusión de magnates y políticos” (https://bit.ly/2Kg4zlo), y fue elaborado por Arturo Rodríguez, Mathieu Tourliere y Areli Villalobos.

Imagen: Revista Proceso

“Es la élite de la iniciativa privada que domina los distintos sectores económicos del país y que durante décadas ha salvaguardado sus intereses financiando campañas presidenciales, recurriendo al chantaje e impulsando cercos publicitarios a medios de información. Se trata del Consejo Mexicano de Negocios, del que Proceso presenta un perfil e identifica a varios de sus miembros. Esta exclusiva cúpula empresarial, beneficiada (en parte) de las privatizaciones que han operado diversos presidentes, tiene su origen en 1962, cuando respondió al interés de frenar el desarrollo de la izquierda en México.

Imagen: Revista Proceso

“(…) aunque no haya una postura partidista, todos comparten el mismo objetivo: concretar el proyecto neoliberal en México mediante pactos con el presidente de la República.

 

Sus refrescos, panes, tortillas, latas, medicamentos, cervezas y licores surten todas las tiendas del país. Controlan los principales espacios de distribución (Soriana, Chedraui, La Comer y Oxxo, entre otros), tienen bancos y aseguradoras, manejan las telecomunicaciones y parte del contenido mediático, detentan las concesiones mineras más redituables, operan las principales empresas de transporte y producen la mayor parte del cemento, del acero y de la pintura.”

El Consejo Mexicano de Negocios y el Consejo Coordinador Empresarial son dos de los grupos de magnates que gozan del privilegio de reunirse con el titular del Poder Ejecutivo y otros altos funcionarios para discutir la agenda neoliberal que tanto los ha beneficiado. Ojalá atendiera de la misma forma al magisterio, a las comunidades indígenas o a las familias de los desaparecidos, ¿acaso es mucho pedir?

Portada 2167
Revista Proceso, edición 2167 (https://bit.ly/2Dihl2p)

México es un país inmensamente rico, nuestra economía es la décimo quinta más grande del mundo (…) Tenemos una increíble geografía, llena de  montañas, ríos, tierra fértil, recursos naturales y una enorme biodiversidad. También tenemos un pueblo muy trabajador, que se levanta todos los días para laborar incansablemente, de sol a sombra.

 

Pero los frutos de este trabajo se distribuyen de manera terriblemente desigual. Dieciséis mexicanos forman parte de la lista de Forbes de los multimillonarios más ricos del mundo, mientras por lo menos 43% de la población se encuentra en situación de pobreza, y 7% en pobreza extrema, de acuerdo con el Coneval.

 

La riqueza total de los 10 mexicanos más ricos, unos 116 mil millones de dólares, es igual a la que poseen, en total, el 50% más pobre del país, unos 60 millones de personas. México es el décimo país más desigual en el mundo entero, de acuerdo con el Banco Mundial.

 

Pero la situación es en realidad mucho peor, nadie sabe en realidad cuántos recursos tienen los hombres y mujeres más ricos del país, ya que existen muchos mecanismos para esconder el dinero de las autoridades, y también hay importantes cuestionamientos a las cifras del Coneval (…)”

 

—John M. Ackerman en “Diálogos por la democracia”, programa de TV UNAM

Como lo indicó el doctor Ackerman, es posible recurrir a mecanismos para esconder el dinero, pero además existe la opción en México, de que el poder público simplemente no te cobre impuestos.

Según la organización Fundar, el Sistema de Administración Tributaria (SAT), ha condonado a empresas un aproximado de 593 mil 448 millones de pesos entre 2008 y 2016. Guadalupe Fuentes López, de Sin Embargo, tiene el nombre perfecto para eso: amnistía fiscal (https://bit.ly/2RPYPT1).

Desde 2017 el SAT, órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se ha negado a dar los nombres de las empresas a las que ha otorgado esta amnistía de carácter fiscal (https://bit.ly/2I10zso), ¿por qué no me sorprende?

Además, hace exactamente un año, 96 medios de comunicación internacionales participaban en la filtración masiva de documentos conocida como #ParadisePapers o “Papeles del Paraíso”, en referencia a los paraísos fiscales.

“¡Pero Alfredo, no te puedes pelear con los empresarios!, ellos generan los empleos y traen progreso y desarrollo al país”

¿En serio? Porque en realidad son las pequeñas y medianas empresas (Pymes) las que generan el 42% del Producto Interno Bruto (PIB) y el 78% de los empleos en el país, de acuerdo con David Arana en la revista Forbes (https://bit.ly/2nn8Dav).

Una vez aclarado esto, podemos volver al tema de las cúpulas del poder económico, y podemos concluir que no están molestos por la cancelación de un megaproyecto, porque de ser así, habrían dejado de confiar en México hace mucho.

Las reacciones de las cúpulas empresariales como el CCE y la Coparmex por la cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco contrastan radicalmente con su silencio ante el naufragio de otros megaproyectos de infraestructura en el sexenio de Enrique Peña Nieto. No obstante, algunas de las obras abortadas implicaron millonarios derroches de dinero público y a empresarios tan cercanos al presidente como Juan Armando Hinojosa, del Grupo Higa.”

 

—Mathieu Tourliere en la revista Proceso (https://bit.ly/2QlkOkE)

La cancelación de un aeropuerto, cuyos contratos fueron otorgados en evidente corrupción, parece un motivo razonable para desconfiar de México como lugar de inversión. Pero hasta hace unos meses a ninguno de ellos le preocupaba invertir su dinero aquí a pesar de la profunda crisis en materia de seguridad y de derechos humanos. Así la lógica de un magnate promedio.

¿Éstas cúpulas se pronunciaron ante las muertes en los gobiernos de Calderón y Peña Nieto?, ¿dijeron desconfiar en México por los más de 30 mil desaparecidos?

No. Se callaron, y el que calla es cómplice.

Esto va más allá, y es que desde 2006, la candidatura de López Obrador no era del agrado del sector empresarial, ya que históricamente su triunfo en las urnas representaba la posibilidad de perder sus privilegios al no contar con un presidente a modo.

Cartón de Monosapiens
“El aeropuerto va”, cartón de Monosapiens publicado en la revista Proceso (https://bit.ly/2PoDLpq)
Cartón de monosapiens
“¿Y dónde está el aeropuerto?”, cartón de Monosapiens publicado en la revista Proceso (https://bit.ly/2F7fYX4)

Entonces, la gran pregunta es, ¿López Obrador realmente quitará  los privilegios a la clase empresarial y cumplirá su promesa de separar el poder público del poder económico?

Con la cancelación de la obra en Texcoco, lo normal sería pensar que sí, pero ello constituiría un error originado de un análisis superficial de los hechos.

Si bien el verdadero negocio, el de mayor importancia, salió a la luz, y se salvó a la zona de un advertido ecocidio, queda pendiente la tarea de reparar el daño de los campesinos y comunidades que fueron excluidos del megaproyecto al no ser tomados en cuenta.

Y sobre los cuestionamientos en torno a los contratos, ¿se hará justicia y la sanción correspondiente a los inversionistas por la corrupción en los contratos?

Tal parece que no, porque el presidente electo ha anunciado que respetará los contratos (https://bit.ly/2FlyQl1) y éstos solo se trasladarán a la base militar de Santa Lucía, ¿dónde queda el prometido combate a la corrupción?

En el marco de una transición que ya tardó mucho, ya no luce tan convencido de querer hacer frente al poder económico.

Después de que el senador morenista Ricardo Monreal presentó una iniciativa para eliminar el cobro de comisiones bancarias, López Obrador se opuso inmediatamente, todo con tal de quedar bien.

“El tabasqueño recordó que en una reunión con la presidenta de Santander garantizó el respeto a bancos. ‘Lo acabo de decir a 15 días que me entrevisté con la presidenta de Santander, Ana Botín’, agregó.” (https://bit.ly/2OGu6WM)

¿Qué opinas tú?, ¿se podrán separar estos dos poderes?

Finalizo invitándolos a ver este proyecto realizado por David Torres Guevara, para el Posgrado de Artes y Diseño de la UNAM, en el que retrata al poder económico en México de una forma muy acertada:

Autor: Alfredo Ruiz

Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de Difusión Cultural del Club de Oratoria y Debate de la Facultad de Derecho. Artículos de opinión todos los jueves a las 7:00 pm. Sígueme en Twitter e Instagram: @alfredorzmz

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