Los matices de Salinas en Harvard.

Douglas Elmendorf, Decano de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, anunció recientemente a los nuevos miembros de su Consejo. De acuerdo con la página oficial de la Escuela, el Consejo del Decano “es un grupo de líderes globales que proveen de apoyo financiero y de consejos para avanzar en nuestros esfuerzos de efectuar un cambio positivo en el mundo” (https://bit.ly/2E4KaS0).

Entre los nuevos miembros del Consejo, se encuentra Carlos Salinas de Gortari, expresidente de México (https://bit.ly/2PtTikc), por lo que de inmediato se desató la polémica en este lado del río Bravo.

En el Semanario Revueltas, queremos que las voces estudiantiles lleguen a la opinión pública y formen parte del debate, así que busqué la perspectiva de un estudiante de la Escuela de Gobierno de Harvard. Se trata de mi amigo José Luis Gallegos Quezada, admirable politólogo egresado de la UNAM (https://bit.ly/2ygAXkr), columnista de El Universal (https://bit.ly/2C3q3B6), consultor político, fundador del Ateneo Nacional de la Juventud, y actualmente, estudiante de la Maestría en Administración Pública en la que es considerada como la mejor universidad del mundo.

Hace unos meses, le dediqué un artículo a José Luis, titulado #LeerNoEsUnDelito: En defensa de José Luis Gallegos, pues había sido víctima de un abuso de autoridad en la Ciudad de México, justo antes de partir hacia Estados Unidos.

El día de ayer, lunes 8 de octubre, lo contacté para que me compartiera su opinión.

No era para menos, José Luis y yo coincidimos en que se trata de un personaje bastante cuestionado en México.

Va desde su elección en julio de 1988, luego de que se produjera una “caída del sistema”, justo cuando Cuauhtémoc Cárdenas se perfilaba como el ganador de aquellos comicios. Más tarde, se le criticaría por el ascenso de los tecnócratas —y con ellos, de las privatizaciones que exigía el neoliberalismo— en la política nacional, la firma del hoy difunto Tratado de Libre Comercio de América del Norte, su presunta autoría en el asesinato de Luis Donaldo Colosio (a quien meses antes había designado candidato), y su grado de responsabilidad en el llamado “error de diciembre”.

Pero el caso de Salinas no es el primero. De hecho, es muy común que las escuelas de derecho, economía o ciencias políticas, cuenten con líderes políticos experimentados en sus plantas docentes.

Ambos abordamos un par de ejemplos:

El primero sería el sucesor de Salinas, Ernesto Zedillo, quien dirige el Centro para el Estudio de la Globalización de la Universidad de Yale (https://bit.ly/2NtudV3).

Felipe Calderón Hinojosa también tuvo un presunto triunfo electoral que sigue siendo cuestionado hasta el día de hoy (https://bit.ly/2QAVOpa), porque lo que sí tuvo resultados irrefutables fue su “guerra contra las drogas” (https://bit.ly/2xY7kDx).

Al finalizar su sexenio, Calderón recibió una invitación para incorporarse como profesor de la Escuela de Gobierno, también de Harvard. A través de la plataforma change.org se reunieron firmas en contra de tal decisión, aunque de nada serviría…

El caso más reciente es el del Juez Brett Kavanaugh. No sabía mucho de este caso, así que José Luis me explicó que Kavanaugh había sido nominado por el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para formar parte de la Suprema Corte de Justicia en su país, y el Senado estadounidense recién ha aprobado su nominación sin importar que hubiera acusaciones en su contra por abuso sexual (https://bbc.in/2Cy80Ek).

Kavanaugh era profesor en la Escuela de Derecho de Harvard, y la polémica salpicó a la institución al surgir la pregunta de si sería restituido en caso de no llegar a la Corte. Con la presión encima, Harvard dijo que no volvería (https://bit.ly/2NYQxe8).

Y también recordé otros casos después de nuestra conversación:

En lo personal, puedo decir que en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, los estudiantes hemos manifestado nuestra inconformidad con nuestro  actual director, Raúl Contreras Bustamante, quien ha recibido críticas porque anteriormente fue el Representante del Gobierno de Veracruz en el entonces Distrito Federal, siendo nombrado por el infame Javier Duarte (https://bit.ly/2E5pM3a), y por reunirse con el candidato presidencial del PRI en las elecciones pasadas, José Antonio Meade, violando de paso el Estatuto General de la UNAM (https://bit.ly/2QAOfio).

También, el mes pasado recorrió las redes sociales el rumor de que Ricardo Anaya impartiría clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, también de la UNAM. Sin embargo, esto resultó ser falso (https://bit.ly/2yovwPw).

Equiparando todos los casos anteriores, podemos ver que todos son polémicos, unos más que otros, y cada uno requiere de una reflexión y un balance propios.

Si nos fuéramos a lo estrictamente académico, simplemente no es posible poner en duda las credenciales de Carlos Salinas, pues obtuvo Maestría en Economía Política, Maestría en Administración Pública y Doctorado en Economía Política y Gobierno durante su estancia en Harvard. No cualquiera aspira a títulos así en una universidad así, se lo dije a José Luis.

Pero al contratar a este tipo de figuras públicas, sujetas al juicio de la opinión pública en sus países —y también fuera de ellos—, las universidades deberían analizar de manera cada vez más profunda el aporte que pueden brindar para el cumplimiento de sus objetivos, y si como personas, cuentan con ciertos valores.

Desde nuestra posición como estudiantes, José Luis llama a no caer en los extremos.

Recordando sus días en la licenciatura, me contaba sobre compañeros suyos que no le permitieron el acceso a la Facultad a algún legislador. Para él, eso iba en contra de la libre expresión de las ideas.

En el otro extremo, colocó los elogios del Decano Elmendorf hacia Salinas, pues afirmó que su administración se caracterizó por la reducción de la desigualdad, la democratización y el combate al narcotráfico, entre otros aspectos debatibles. Aplaudir ciegamente su nombramiento, considera que es una manera de legitimar (yo diría respaldar) su criticada trayectoria.

Sin caer en extremos, y como me lo dijo, viendo los matices, puedo decir que no apruebo la administración de Carlos Salinas de Gortari, y no considero que pueda servir de ejemplo a los jóvenes de todo el mundo que se educan en Harvard. Pero sí creo que su presencia ahí puede ser aprovechada para construir una intensa confrontación de ideas.

Hoy José Luis y yo, como estudiantes, ya nos expresamos. Ahora toca el turno a Salinas y a quiénes lo defiendan, veremos si están a la altura de la prueba que hoy les ponemos…

“Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”

 

—Voltaire

Autor: Alfredo Ruiz

Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de Difusión Cultural del Club de Oratoria y Debate de la Facultad de Derecho. Artículos de opinión todos los jueves a las 7:00 pm. Sígueme en Twitter e Instagram: @alfredorzmz

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