¡NO AL LLAMADO!

Ayer, lunes 24 de septiembre, Donald Trump presentó en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, el Llamado Global a la Acción sobre el Problema Mundial de las Drogas (Global Call to Action on the World Drug Problem), documento que ya fue firmado por 130 países, entre ellos México (https://bit.ly/2IdPotc). Se trata del más reciente movimiento del gobierno estadounidense en nombre de la presunta «guerra contra las drogas» con la que se han justificado para intervenir en nuestro país. Ya es tiempo de que México le ponga un alto.

La guerra de Estados Unidos contra las drogas es un fraude, así lo dijo el reconocido intelectual Noam Chomsky:

«La guerra contra las drogas es un fraude, un fraude total. No tiene nada que ver con las drogas. (…) En lo que ha sido exitosa la guerra contra las drogas es en criminalizar a los pobres. Y los pobres en EE.UU. resultan ser en su mayoría negros y latinos (…) Es una guerra de razas. Casi en su totalidad; desde el principio, las órdenes dadas a la Policía de cómo lidiar con las drogas fueron: ‘No hace falta ir a los suburbios y detener al corredor de bolsa blanco que esnifa cocaína por la tarde, sino que hay que ir a los guetos, y si un chico tiene un porro en su bolsillo, meterlo en prisión’. Así que todo empieza con la acción policial, no de la propia Policía, sino de las órdenes que se les dan»

—Noam Chomsky (https://bit.ly/2NHXsnD)

Las muertes por sobredosis en aquel país no se han reducido en décadas, al contrario, aumentan exponencialmente, de acuerdo con un análisis de la Universidad de Pittsburgh, publicado recientemente en la revista Science (https://bit.ly/2OQXKcP).

Mientras tanto, los gobiernos mexicanos encontraron un lucrativo negocio en el tráfico ilegal de todo tipo de drogas. Más adelante, una versión propia (e igualmente fallida) de guerra contra las drogas durante el gobierno de Felipe Calderón (https://bit.ly/2xY7kDx), terminaría condenando al país a niveles históricos de violencia que no mejoraron en el gobierno de Enrique Peña Nieto (https://bit.ly/2Ez2Owm). Esto lo sabe muy bien el académico de la UNAM, Alfredo Jalife-Rahme:

«(…) el sistema político mexicano está muy corrompido, porque es una bidireccionalidad entre el crimen organizado que deja mucho dinero, porque esta parte no se maneja, es decir, es un gran componente del Producto Interno Bruto, que además tiene la cobertura de Estados Unidos (…) el Tratado de Libre Comercio yo siempre le llamé el TLC Bis, que era el Tratado de Libre Cocaína, en el momento de abrir la frontera, se abre el paso a la libre cocaína, que naturalmente tiene el máximo comprador del mundo que es Estados Unidos, que además vende armas a los cárteles mexicanos, que están mejor pertrechados que el mismo Ejército (…)»

—Alfredo Jalife-Rahme

Por ello, es alarmante ver a otros jefes de Estado como el presidente de Colombia, Iván Duque, apoyando los planes de Trump (https://bit.ly/2pzCWLO).

En nuestro caso, como de costumbre, el aprendiz Luis Videgaray firmó obediente el documento presentado. La buena noticia es que pronto podremos decirle «You’re fired!», pues toca el turno a un nuevo gobierno que tiene la oportunidad de terminar con la característica sumisión de México a las órdenes de Washington.

Por parte del próximo gobierno, la virtual Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, propone la legalización de drogas con el fin de pacificar a México (https://bit.ly/2OcVUWo). Naturalmente, el vecino se opuso, como lo hizo en 1940, cuando el entonces Presidente de México, Lázaro Cárdenas, las legalizó e implementó un enfoque en salud pública para la atención las adicciones.

En el año 2015, en entrevista con Carmen Aristegui, Froylán Enciso presentaba su libro titulado Nuestra historia narcótica: Pasajes para (re) legalizar las drogas en México, en el que rememoraba que durante el último año de su gobierno, Cárdenas legalizó las drogas y ordenó la apertura de dispensarios en los que profesionales de la salud suministraban a la gente ciertas dosis de narcóticos, como parte del tratamiento de sus adicciones. Esto no solo perjudicó al negocio del narcotráfico, también al gobierno estadounidense, que en cuestión de unos meses recurrió al chantaje para que Cárdenas desistiera de continuar con esta política (https://bit.ly/2w8hEbO).

Sin embargo, el tiempo ha pasado, y parece que le está concediendo la razón a aquellos que proponen su legalización y regulación estando conscientes de que se debe reemplazar la criminalización y la «guerra», para abrirle paso al respeto de los derechos humanos y a la prevención.

En conclusión, México y Estados Unidos deben cambiar su política de drogas, pero si el segundo se niega, el primero deberá entonces, abordar el problema por su cuenta.

Como señalé en mi artículo Hay que aplicar el 33, la decisión de legalizar o no las drogas debe ser NUESTRA, sin que el debate se vea influenciado por lo que pueda expresar un país al que no le importa el bienestar, ni de su pueblo ni de otros.

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