Consulta

El gobierno de izquierda, entendido en México –hoy por hoy- como una transición ilusoria, ya está empezando a dar muestras mínimas de lo que pretende. Algunos simpatizantes del aventurado guía del cambio se sienten entusiasmados al ser incluidos en la forma de gobernar. Incluidos a través de consultas. Consultas de las que no tienen idea, pero claro, han de votar por lo que el ego compartido de intereses incomprendidos les diga que voten. Pareciera que todo lo que huele a continuidad apesta.

Hace poco, en una reunión sostenida con un profesor de la escuela, el Prof. López (casualmente), vino a la conversación el tema de la consulta. No recuerdo bien su postura definida, solo que ahí entendí más el fenómeno de la participación: Tres no pueden elegir lo que les ha de pasar a 10, aunque ese 3 represente el 50% de la votación. Es meramente ilógico, sin embargo así funciona, si no hubo problema antes, menos ahora que la cifra claramente es duplicada, pero no suficiente.

En fin, si así ha sido siempre ¿Qué importa que algunos piensen que no funciona? El problema es que –al parecer- seguirá siendo así, y esos cuantos “valientes” que participarán en las consultas, lo harán sin cuestionarse si quiera si el silencio de los demás quiere decir algo, o si el modelo por el que están votando es realmente sustentable por medio de su participación. Ojo aquí, es evidente que todo lo que proviene de corrupción no es significativamente bueno que digamos, es más bien algo que con repudio debe alejarse de la vida política. El punto es: la participación legítima e informada.

Los que la promueven, creen que será así, si esto no pasa, asumirán el viejo prejuicio legitimador de lo que pretenden: “Quien calla otorga” “Nadie se arrepiente de haber sido valiente”. Claro, si por valentía entendemos la carga de ir a decidir por los demás.

Este tema es muy inquietante, la exclusión diaria que hay en este país basada en determinismos significativamente débiles, no puede tener como consecuencia una consulta seria que desemboque en la interpretación de la voluntad popular. No existe manera perfecta de unir al mundo, ni de abrazar a los olvidados a los que se les dijo vete y se construyó un país sin ellos.

Al tiempo.

Solo queda agregar más ilusión a la consulta: quienes voten que NO (al aeropuerto, a las reformas, a lo que sea), que lo hagan con responsabilidad y no con la inercia de la emoción de sentirse incluidos. Quienes voten que SI, que lo hagan con responsabilidad y no solo con el ímpetu de sentirse con la razón asistida de llevar la contra.

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