El Final: Campañas Invisibles

Cuando José Antonio Meade se destapó para ser candidato a la presidencia se creyó que sería la única carta fuerte capaz de ganarle a AMLO. Esta primera impresión que se le otorgó al candidato del PRI fue lentamente resquebrajándose en cada intervención pública que tenía ya sea mitín, conferencia, entrevista y  hasta sus propios spots eran un arma en contra suya. Su incapacidad de mostrar liderazgo, su mediocre elocuencia y su falta de empatía hicieron que la campaña del PRI fuera invisible. Meade siempre se mostró como un empleado más, como un burócrata tímido que sabía de números y de teorías pero no de realidades y necesidades sociales.

Podemos nombrar y señalar claramente las equivocaciones de la campaña del PRI, fuera de su candidato, que los están llevando a la derrota. Los desaciertos del ex presidente del partido Enrique Ochoa, su presencia anti-carismática en los debates televisivos y el famoso “Prietos que ya no aprietan“. La incorporación del panista Javier Lozano al final perjudicó más de lo que ayudó. El nombramiento de René Juárez Cisneros justo a la mitad de la carrera por la presidencia, sólo logró hacerlos más invisibles y hacer parecer que empezarían todo de nuevo. Las acusaciones directas a la candidata al senado Nestora Salgado sólo hicieron que fuera más evidente la urgencia por hacerse notar. Y así podría seguir. El resumen de la campaña de José Antonio Meade sería: desesperación.


Ricardo Anaya llega a la candidatura presidencial gracias a una elección interna, donde él era el único en la boleta. Comenzó su campaña con un hackatón que suponía la participación de jóvenes para generar sus propuestas, (Que por cierto, o eran partidarios de López Obrador [por la semajenzas de las mismas] o éstas nunca salieron a la luz). Ese siempre fue su eje central; los jóvenes, la innovación y el futuro. Pero nunca logró despegar en las encuestas en ningún sector de la sociedad y fracasó en la conquista  del voto joven. Y la razón es sencilla, el sector que buscaba persuadir, es ahora también el más informado. En otra época sin redes sociales probablemente sus mentiras hubieran pasado desapercibidas y hecho efecto en la sociedad pero hoy esas mismas mentiras fueron sacadas a la luz al instante. ¿Por quién? Por los mismos jóvenes que tienen acceso a la información gracias a internet, esos mismos jóvenes que quería conquistar  el “joven” Anaya.

Para Ricardo Anaya no fue una carrera hacia el futuro, como tanto pregona su campaña, sino fue más la lucha hacia el pasado. Las traiciones hechas a lo largo de toda su carrera política salieron a relucir más fuerte de lo que él esperaba. Los escándalos de lavado de dinero no fueron una estrategia de difamación por parte del gobierno de EPN sino que fue una carta que tenían guardada los traicionados. Anaya fue alcanzado por “fuego amigo”. También es importante mencionar, que los panistas no olvidaron y no olvidarán tampoco a Margarita Zavala, que fue traicionada cuando él era presidente del PAN, por no permitir una competencia justa,  y que es motivo claro de la división del partido. Tal vez la más notable por ya estar ambos en las grandes ligas. Lo cierto es que el candidato tuvo que luchar tanto contra su pasado que ya no tuvo tiempo de ver hacia el futuro.


Hay una coincidencia en el porqué del fracaso de estas dos campañas. Ambas se centraron en una misma línea y fue la de tirar la campaña de López Obrador. Ese fue su principal error y la razón de su derrota es que nunca estuvieron al mismo nivel para lograr eso. Intentaron hacer que él bajara en vez de buscar ellos subir. Dedicaron gran parte del primer tercio de la carrera por la presidencia a desprestigiar la propuesta de amnistía de MORENA, de enfrentarlo con empresarios, de crear un escándalo por el NAICM. Buscaron tumbarlo por tumbarlo.  Pero nunca pudieron poner una propuesta fuerte en el centro de la opinión pública para ser contrapeso. Ya se ven demasiado lejanas aquellas propuestas del Ingreso Básico Universal o El Registro Nacional para la Necesidades de Cada persona que no supieron mantener a flote. Nunca se mostraron como un competencia  por el primer lugar.

Ninguno de los dos candidatos se pudo escapar de los escándalos. A Meade le pisaban los talones La Estafa Maestra, El Gasolinazo, y por supuesto el PRI. Independientemente de esto el candidato del partido de Estado nunca pudo sobresalir en ningún momento de las campañas por  mérito propio en cambio Anaya sí lo logró pero con sus escándalos de lavado de dinero. Nunca pudieron poner algo interesante sobre la mesa, a pesar de decir que Meade era el candidato de las propuestas. Una idea, algún proyecto radical, algo qué comentar a favor por los intelectuales del Estado, nada de esto llegó. Sólo llegaron las falacias, la propaganda vacía, las apologías de lo que se les acusaba, nunca algo con sustancia, con cuerpo o forma.

A lo que llego de conclusión es que el PRI nunca pudo concretar la campaña del “Genio”, nunca pudo demostrar ese nivel y la capacidad de la que según se hablaba de José Antonio Meade. Tampoco se demostró en ningún debate en ningún spot o entrevista a ese candidato que venía a proponer. Y en las trincheras del PAN nunca pudieron demostrar lo que era el “Niño Maravilla”. Tampoco supieron darle coherencia a su papel de “opositor” o mejor dicho “víctima” del Estado. A ambos les quedó demasiado grande el saco.

Junio 2018.

Autor: León A. Sotomayor

Escritor | Facultad de Derecho UNAM | Autor del Semanario Revueltas

One thought

  1. Pudo haber otro candidato por parte del PRI que tuviera mejor opción durante las urnas, con más credibilidad como el sr. Osorio Chong

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