La agonía del PRI

El Partido Revolucionario Institucional agoniza; atrás quedó el todopoderoso partido de Estado que ganaba elecciones sin oposición alguna. Hoy, salvo el fraude electoral, no tiene ninguna posibilidad de ganar.

El partido que gobernó por más de 70 años se encuentra en el punto más crudo de toda su historia. A diferencia de otras contiendas electorales hoy el corporativismo, el sindicalismo y el caciquismo no han sido suficientes para levantar una candidatura destinada al fracaso absoluto ¿Es José Antonio Meade el peor candidato desde la fundación del partido tricolor? Posiblemente si.

Luce lejano aquel 2006 donde Roberto Madrazo obtuvo un humillante tercer lugar que parecía anunciar el inminente fin del PRI pero, fiel a su ADN, el partido de las instituciones logró reestructurarse y en menos de 6 años recuperar la presidencia de la República.

¿Es acaso Meade otro «Madrazo» en el partido? Es un panorama difícil de asegurar. Lo cierto es que, después de décadas se saqueos, corrupción, violencia, impunidad y destrucción del país, la ciudadanía se ha cansado de una vez por todas del PRI. Hoy, a diferencia del 2006, la guerra sucia no ha funcionado. El grupo compacto de empresarios mexicanos multimillonarios ha quedado expuesto y desenmascarado. Sus amenazas ya no imponen el miedo que hace años lograban generar. Por primera vez, desde el 2000, el pueblo de México tiene el destino en sus manos.

Los medios de comunicación al servicio del poder han tomado cierta distancia del partido oficial. Y eso, de alguna u otra manera, era inevitable. El papel de las redes sociales ha sido fundamental para evitar los atropellos que los medios tradicionales, en años anteriores, lograban con su alcance. Iniciativas como Verificado MX se han convertido en una herramienta invaluable ante los diversos ataques dentro del margen de la guerra sucia.

Las amenazas de los ya mencionados empresarios poco han servido; la manipulación de información no causa el efecto deseado y la campaña gris y plana de José Antonio Meade no parecen hacer otra cosa que anunciar la inminente absoluta del Partido Revolucionario Institucional.

Las encuestas así lo apuntan y el próximo 1 de Julio podríamos asistir a un evento histórico para nuestro país que ni nuestros padres ni abuelos pudieron atestiguar: sepultar al PRI. Hoy, salvo el fraude electoral (que empieza cobrar fuerza), no tiene ninguna posibilidad de ganar.

Como mencioné en columnas anteriores, la victoria de la izquierda la noche de Julio no debe significar la meta del movimiento sino el primer paso. Debemos asegurarnos de una vez por todas que el autoritarismo y el presidencialismo sean cosa de lo libros de historia. Es momento de transformar nuestra incipiente democracia en una verdadera y absoluta.  Se le debe cerrar para siempre la puerta al pasado y empezar a crear con nuestras acciones el México del presente.

La noche del 1 de Julio debe ser recordada como la noche donde se dio la verdadera transición democrática en México; el día en que por fin los mexicanos enterramos para siempre al PRI.

 

Deja un comentario