Violencia política

La política actual está experimentando un reto brutal. Los gobernantes, que son representantes del pueblo, están siendo atacados como nunca antes en un proceso electoral; fríamente, el crimen organizado ha asesinado a más de 90 personas que eran o pretendían ser representantes de millones. El bien más preciado que tenemos como pueblo es la democracia, es el medio por el cual el pueblo elije lo mejor para sí. Pero, ¿Qué pasa cuando los representantes de este son asesinados? Pareciera que nada, se pone otro y ya, en eso se ha tornado la triste forma de hacer política en México, este menosprecio a la vida humana también apoya a la violencia.

A pesar de los esfuerzos por atender el problema de inseguridad (el cual se desató desde que el ahora Expresidente espurio declaró una Guerra sin sentido que ha estado destruyendo la confianza, debilitando las instituciones y poniendo pueblo contra pueblo a través de políticas que no permiten que haya paz), el crimen organizado ha ido ganando. El Estado quería la guerra, y eso precisamente es lo que ahora no puede ganar, mucho menos detener.

Ya no se pueden cuidar nuestras garantías más esenciales, mucho menos a los representantes de ellas, que son los representantes del pueblo. En un plazo de poco más de 6 meses la violencia se ha apoderado de la política. Un político asesinado cada 3 días.

Lo sé, el anhelo de cambio que nunca llega se va debilitando, hemos estado tan cerca, tan lejos. Siempre alentados por la esperanza, hasta que aparece el odio a hacer pedazos la ilusión de todo un pueblo. Cuando los intereses se ven respaldados por el odio y la intolerancia, es más sencillo tomar un arma para negociar, exigir, imponerse… matar.

Muchos pensaran que requiere de valor asesinar a alguien, no es así, se requiere de valentía para ser pacifico. El bien más preciado de un pueblo es su participación, no se debe olvidar la muerte de Antonia Jaimes Moctezuma, José Luis Mendoza Uribe, Juan José Castro Crepo, Antonio Arrollo, Carlos Ortega, Cecilia Cruz Días y de muchos más. Sus familias están llorando por esta guerra que ha tomado entornos políticos.

El crimen organizado se quiere convertir en el Estado, por eso ha comenzado desde el ámbito más minúsculo de este: los municipios. El crimen no se subordina a nadie, por eso creen que nadie puede juzgarlos, por ello es que quieren ser el Estado.

De seguir este patrón de violencia, ningún camino es posible. Hay que insistir en nuestros derechos y no continuar la guerra como ya dos presidentes lo han hecho. Hay que rescatar los valores, la unidad. La solución a esto no se reduce a un partido o movimiento, se reduce a todo un pueblo que reclama paz, que reclama justicia para quienes otorgó su confianza y esperanza y hoy ya no están para responder a ella. Tenemos que hacer lo propio para detenerlos, no es necesario usar la violencia, hay que atender las causas, se debe atender a los valores del pasado para construir un futuro honorable donde el destino de las personas no se vea marcado por el crimen organizado.

En memoria de los políticos asesinados y los más de 200,000 inocentes víctimas de esta guerra.

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