Crónica de una derrota anunciada

Con un candidato que está más cerca de caer al cuarto lugar que de levantar, con la salida de su dirigente nacional y con el presidente con la peor aprobación en la historia, oficialmente el próximo 1 de Julio será el ansiado y urgente funeral del PRI.

Las encuestas (incluso las más conservadoras) apuntan a dos cosas: la victoria de Andrés Manuel López Obrador y la derrota del PRI. Por segunda vez en la historia (o tal vez la primera) México se encuentra en la antesala de la alternancia en el poder y esto genera que, desde el partido oficial, se intente por cualquier medio maquillar la realidad.

Las expectativas generadas a partir de las incorporaciones de Aurelio Nuño y del ex panista (antes priista) Javier Lozano al equipo de José Antonio Meade eran altas dentro del partido tricolor. Se pensaba que estos personajes de choque lograrían levantar una campaña que, en teoría, no tendría mayores complicaciones; el apoyo abiertamente expresado del Gobierno Federal, la opinión favorable por parte de ciertos medios de comunicación o la manipulación de información bastarían para convertir a Meade en un serio contendiente para la carrera presidencial. Los resultados fueron totalmente contaros.

A menos de dos meses de las elecciones, ocupando el tercer lugar y con una distancia en las encuestas mayor a los 20 puntos, el PRI se encuentra posiblemente en el peor momento de su historia. Los escandalosos casos de corrupción perpetrados por Enrique Peña Nieto fueron sólo el principio de una candidatura que nació muerta. Si a esto se le agrega el pésimo desempeño de «Pepe Mid» durante el debate y la reciente renuncia de Enrique Ochoa Reza (el de los prietos que ya no aprietan) podemos hablar que los siguientes días deben ser un trámite para López Obrador.

Lo anterior no asegura que la guerra sucia acabará, al contrario, los ataques mediáticos continuarán con la misma o mayor intensidad. Todo lo que ha generado la ahora «controversial» serie del «Populismo en América Latina» no es más que el ejemplo claro de una maquinaria que trabaja ahora a marcha forzada. Las desesperadas acusaciones de censura hacia AMLO por parte de los medios de comunicación y «periodistas» carecen de todo fundamento. Tratan de llevar la atención a un campo en el que nada tiene que ver lo dicho por Andrés Manuel. La serie (si es que puede llamarse serie a lo elaborado por la productora La División cuya existencia nadie sabía y su página de internet no muestra trabajo alguno) ha sido tomada como bandera de un grupo reducido que «exige» su transmisión. Como si el refrito del 2006 (AMLO es un peligro para México) fuera a funcionar a menos de 60 días de la elección.

Para ejemplificar lo anterior dicho, retomo las palabras de Rafael Barajas, «El Fisgón», quien escribió en su cuenta de Twitter lo siguiente:

«Defendemos la libertad de expresión. Por eso cuestionamos: ¿Las campañas masivas de difamación son actos de libre expresión o campañas de manipulación masiva financiadas por grupos de interés? Que pasen la serie sobre el populismo, pero que nos transparenten quién la pagó».

Después de más de 70 años en el poder, de ser el partido único, el Partido de Estado, el que se autoproclamaba heredero de la revolución y que sólo con él se lograba la paz, el PRI enfrenta la anunciada derrota. Incluso ha tenido que valerse de candidatos como Ricardo Anaya quien ha declarado que está dispuesto a aliarse con Peña Nieto si eso le asegura poder derrotar a Andrés Manuel López Obrador.

El Partido Revolucionario Institucional agoniza por una sencilla razón: las personas se cansaron. Se cansaron de tanta impunidad, corrupción, saqueo, violencia y terror. José Antonio Meade sabe que perderá las elecciones. Lo sabe y sólo extiende la vida de un partido cuya derrota el 1 de Julio no debe significar el resultado de un movimiento social sino el primera paso hacia una verdadera transformación.

«Deseo fervientemente que quien gane la elección del 1 de julio, le dé el tiro de gracia al PRI y no lo dejen volver como lo hicieron Fox y Calderón que barrieron y trapearon Los Pinos para devolvérselo al PRI».

Alejandro Rosas.

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