Anaya: El Aprendiz

En el mundo de la demagogia existen varios recovecos y escondites donde los aprendices se logran esconder por varios años, pero sólo los grandes maestros pueden permanecer ocultos toda la vida.

La demagogia es un arte, uno de palabras y laberintos. Uno donde muy pocos pueden llegar a convertirse en maestros, pero que sin lugar a dudas tiene muchos aprendices. ¿Por qué es tan difícil aprender bien este arte? La primer respuesta tiene que ver con la dimensión de la tarea. Se tienen que desarrollar y dominar muchas técnicas que necesitan una gran habilidad mental para ejercerse de manera correcta: la falacia, la manipulación del lenguaje, la satanización, la evasión, etc. Éstas son algunas propias de la materia pero también hay otras no pertenecientes; ser audaz en la oratoria, la teatralidad, la representación escénica, y básicamente todo lo necesario para representar un papel. A pesar de la aparente dificultad con el debido tiempo y práctica todas estas habilidades pueden ser bien alcanzadas y realizarse con naturalidad. La segunda respuesta tiene que ver más con un sentido más axiológico.

Aquí es donde comienza el juego. En el fondo sólo existen sus intereses y ambiciones necesariamente relacionadas con adquirir el poder en cualquiera de sus formas. Estos intereses y ambiciones, la mayoría de las veces, están relacionadas con el enriquecimiento personal, la toma del poder, y obtener una posición personal privilegiada, etc. Me atrevo a llamarlo complejo de clase. El demagogo no está conforme con su posición en la sociedad y busca a toda costa llegar consolidarse como una pieza importante dentro de las élites. Para conseguir esto es capaz de hacer lo que sea.

Para conseguir su meta el maestro demagogo necesita olvidar principios y valores, porque estos sólo estancarían sus objetivos. ¿Cómo logra sus objetivos el demagogo? Fácil, emulando lo que desea el que será manipulado, busca ofrecer eso que tanto anhela la víctima. El demagogo debe tener una gran capacidad de abstracción para entender lo que exige el perjudicado y así poder ofrecérselo. Básicamente eso es el fundamento de la demagogia ofrecer lo que otro desea para beneficio personal. Se finge el actuar conforme a principios y valores, cuando en realidad no, sólo es un rol, un papel protagónico en una gran obra de teatro. El Demagogo es el más grande actor porque hace de su vida una actuación.

La teatralidad de Ricardo Anaya es de respetarse. En lo que tiene que ver con el dominio del escenario, de la oratoria y de imagen personal tiene bastante capacidad el candidato del Frente, quedó demostrado en el primer debate presidencial donde fue muy superior a sus contrincantes. En la base de la pirámide de la demagogia se encuentra la superficialidad donde a Anaya le fue muy bien, en la forma. Otros puntos que también hubieran salido igual de certeros y eficaces que el elemento anterior hubieran sido sus tácticas de manipulación, que tienen que ver más con el contenido; sus mentiras, las estadísticas fuera de contexto, la manipulación del lenguaje, las omisiones, la evasión en forma de ataque. Esto falló no por su falta de capacidad en la materia sino gracias a la velocidad de las redes sociales y la desmonopolización de la información en internet, que demostró ser una gran herramienta contra los demagogos.

Supongamos que todo lo anterior son coincidencias y mala pata. Ahora la pregunta sería; ¿cómo conoceríamos los verdaderos intereses de Ricardo Anaya? Revisando el historial del candidato encontramos primero su alto nivel de vida, llevado a cabo en E.U.A., las altas colegiaturas de sus hijos, sus múltiples negocios, esto refleja que como empresario Anaya es muy buen agente. Lo siguiente es si ambiciona con llegar ser considerado parte esencial de la élite, lo cual considero que también cumple. Ha buscado trabajar con los grandes brazos del poder desde muy temprana edad, al igual que un joven Salinas. Y el último punto es obtener una posición personal privilegiada, lo cual también coincide. No hace falta profundizar sobre los escándalos y forma de vida de Ricardo Anaya que ya todos conocemos pero lo que sí quiero enfatizar es sobre la relación cuasiperfecta de los puntos característicos de un demagogo con el perfil de Anaya.

Anaya ha empleado una estrategia que se ha convertido en su modus operandi, la traición, podría parecer que la traición no tiene nada que ver con la demagogia pero esto es erróneo. La traición es el resultado del mal ejercicio de la demagogia. Aquí existen dos sujeto; uno que fue seducido por la manipulación de la demagogia y el demagogo. En un buen ejercicio de la demagogia se busca maquillar la traición y dejar aunque sea levemente satisfecho al manipulado con el fin de no conseguir enemigos que desenmascaren al demagogo. Ojo, no hay que confundir este último punto, tener enemigos no es símbolo de un demagogo, lo que sí es característica de uno, es tener enemigos que antes fueron aliados. Madero, Zavala, Calderón, Moreno Valle y Lozano son algunos de los nombres que Anaya dejó en el camino.

Anaya es todavía un aprendiz porque se ha generado enemigos a partir de la traición, una actitud de un principiante; por no poder esconder sus mentiras lo más posible y tampoco poder maquillar sus verdaderas intenciones de llegar al poder a toda costa. Pero no todo es malo para Ricardo Anaya, porque a partir de la manipulación ha logrado conseguir un puesto ampliamente codiciado por los políticos, que es la candidatura a la presidencia; porque también ha logrado elevar su nivel de vida a costa de su posición política; y también logró enmascarar su moral y ética para conseguir una alianza con su rival más próximo que es el PRD. A Ricardo Anaya le falta mucho camino aún en la maestría de la demagogia, pero sin lugar a dudas es un muchacho prodigio en la materia, tal vez el más avanzado de la clase.

Mayo del 2018.

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